encontramos en Egipto, (en las plagas), en el Éxodo del pueblo Judío por el desierto (Moisés), por no nombrar los ritos antiguos del Dios Hermes o Mercurio y un largo etc.  	Si repasamos los mitos simbólicos que constituyen la Tradición Universal, comprobaremos que el reptil (serpiente o dragón), aparece siempre como celosa guardiana de secretos ocultos o tesoros maravillosos a los que el iniciado accederá solo dándole muerte, apoderándose con ello de sus cualidades y conocimientos. En Asturias las famosas cuélebres, guardan tesoros escondidos en las profundidades de las cuevas de las montañas, allí donde el hombre es incapaz de llegar; la sangre del Dragón FAFNNIR, le otorga a Sigfrido vencedor de ese mito, la facultad de entender el Lenguaje de los Pájaros, la inmortalidad y el don de la sabiduría; la serpiente del Paraíso le da a Eva, las claves de un saber que la hará tan grande como a Dios.  	LOS OFITAS, se proclaman seguidores del conocimiento transmitido por esa serpiente, fueron acusados de herejes, perseguidos por sus convicciones, sus ideas distintas de la concepción de la vida, estos ofitas y sus ritos serpentarios los convirtieron en ritos satánicos (?), los difusores de la nueva religión obligaban a sus devotos a huir y denunciar los casos que conociesen de la celebración de esos ritos, como si de una epidemia bubónica se tratase.  	Era tal la fuerza, vitalidad y transcendencia de las enseñanzas Ofitas, que hubieron de adoptarla como mejor entendieron, permitiendo la representación de su símbolo en unión de muchos de sus santos esculpidos en los alfices, dovelas y capiteles de sus Templos, mimada e incluso adorada por estos «santos», de la que tanto aprendieron y a la que tanto le deben. A tanto se han atrevido que incluso a la representación de la Gran Madre, la simbolizan pisando la cabeza de la serpiente, incongruencia magna, teniendo en cuenta que su significado no es otro que la destrucción de todo saber, la pervivencia de la ignorancia, la enemistad eterna con la ciencia, la sumisión a los dictados espirituales impuestos; ésta religión no necesita personas sino autómatas, seres que no se pregunten el ¿Por qué?, si lo hacen no hallarían respuesta alguna de una forma convincente, sencillamente no la hay, estos dogmas exigen del creyente una aceptación ciega, sin preguntas, hasta hace bien poco tiempo era grave pecado un hecho involuntario como es el pensamiento, estaba prohibido casi todo, manipulaban nuestra existencia hasta el punto de convertirse en eje de nuestra vida, estos personajes no siguen las enseñanzas de su Maestro, las ignoran o no las aplican.  	Atienza dice, «el cambio de piel en el lenguaje hermético de los ocultistas es un signo de inmortalidad, que afecta tanto a la serpiente como al ave Fénix», para los místicos el que se fomentara un culto de estas características en un determinado lugar, era como proclamar sagrado aquellos enclaves.  	El primer relato de Bartolomé en la literatura es el del historiador EUSEBIO, narra que PANTENO, maestro de ORIGENES (uno de los patriarcas de la Iglesia primitiva, al que se le debe numerosos escritos que han servido de base para establecer la dirección a seguir, en cuanto a la consolidación del cristianismo como religión católica), hacia el final del siglo II,
© J.M.F.N. 2023
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encontramos en Egipto, (en las plagas), en el Éxodo del pueblo Judío por el desierto (Moisés), por no nombrar los ritos antiguos del Dios Hermes o Mercurio y un largo etc.  	Si repasamos los mitos simbólicos que constituyen la Tradición Universal, comprobaremos que el reptil (serpiente o dragón), aparece siempre como celosa guardiana de secretos ocultos o tesoros maravillosos a los que el iniciado accederá solo dándole muerte, apoderándose con ello de sus cualidades y conocimientos. En Asturias las famosas cuélebres, guardan tesoros escondidos en las profundidades de las cuevas de las montañas, allí donde el hombre es incapaz de llegar; la sangre del Dragón FAFNNIR, le otorga a Sigfrido vencedor de ese mito, la facultad de entender el Lenguaje de los Pájaros, la inmortalidad y el don de la sabiduría; la serpiente del Paraíso le da a Eva, las claves de un saber que la hará tan grande como a Dios.  	LOS OFITAS, se proclaman seguidores del conocimiento transmitido por esa serpiente, fueron acusados de herejes, perseguidos por sus convicciones, sus ideas distintas de la concepción de la vida, estos ofitas y sus ritos serpentarios los convirtieron en ritos satánicos (?), los difusores de la nueva religión obligaban a sus devotos a huir y denunciar los casos que conociesen de la celebración de esos ritos, como si de una epidemia bubónica se tratase.  	Era tal la fuerza, vitalidad y transcendencia de las enseñanzas Ofitas, que hubieron de adoptarla como mejor entendieron, permitiendo la representación de su símbolo en unión de muchos de sus santos esculpidos en los alfices, dovelas y capiteles de sus Templos, mimada e incluso adorada por estos «santos», de la que tanto aprendieron y a la que tanto le deben. A tanto se han atrevido que incluso a la representación de la Gran Madre, la simbolizan pisando la cabeza de la serpiente, incongruencia magna, teniendo en cuenta que su significado no es otro que la destrucción de todo saber, la pervivencia de la ignorancia, la enemistad eterna con la ciencia, la sumisión a los dictados espirituales impuestos; ésta religión no necesita personas sino autómatas, seres que no se pregunten el ¿Por qué?, si lo hacen no hallarían respuesta alguna de una forma convincente, sencillamente no la hay, estos dogmas exigen del creyente una aceptación ciega, sin preguntas, hasta hace bien poco tiempo era grave pecado un hecho involuntario como es el pensamiento, estaba prohibido casi todo, manipulaban nuestra existencia hasta el punto de convertirse en eje de nuestra vida, estos personajes no siguen las enseñanzas de su Maestro, las ignoran o no las aplican.  	Atienza dice, «el cambio de piel en el lenguaje hermético de los ocultistas es un signo de inmortalidad, que afecta tanto a la serpiente como al ave Fénix», para los místicos el que se fomentara un culto de estas características en un determinado lugar, era como proclamar sagrado aquellos enclaves.  	El primer relato de Bartolomé en la literatura es el del historiador EUSEBIO, narra que PANTENO, maestro de ORIGENES (uno de los patriarcas de la Iglesia primitiva, al que se le debe numerosos escritos que han servido de base para establecer la dirección a seguir, en cuanto a la consolidación del cristianismo como religión católica), hacia el final del siglo II,
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