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© J.M.F.N. 2023
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Violante de Hungría
II, que regía el reino preservando el derecho del niño ante los voraces vecinos y paisanos que deseaban ocupar su lugar. Tenía 6 años cuando fue jurado en las Cortes de Lérida en 1214, y en septiembre de 1218 en las mismas Cortes se le declara mayor de edad.  Su temprana eclosión produjo sin la menor duda, un efecto contrario al que se supone debía ser su buena educación. Aprende rápido lo que se mueve en su entorno, sobre todo aquello que da poder, cuando es ejercido desde el poder; en esa sociedad donde todos son amigos o enemigos interesados, donde el honor es una falacia, es donde se le inculca voluntaria o involuntariamente, por activo y por pasivo, el máximo valor del que hará gala en toda su existencia ¡la traición! Tal vez no toda la culpa debiera recaer en el personaje y sí en el entorno influenciable, de ahí que quiero dejar claro que lo que critico no es la persona, (que con el bagaje que el tocó, mucho es que sobreviviera) sino sus actos y consecuencias. A su muerte aconseja a su heredero Pedro III, que preste oídos y haga caso a lo que le indiquen los oligarcas barceloneses, pues de ello depende la estabilidad del reino y el afianzamiento en su testa de la corona del reino. Pedro IV en su infancia es un magnífico ejemplo. Ya entonces se tenía que haber puesto orden entre judíos, moros y desechos periféricos sociales procedentes de todos los lugares de Europa concentrados en esa región. De nuevo la Historia como testigo fiel del paso del tiempo, demuestra que seguimos dándole vueltas a la perdiz.  Guardando un orden hablaremos someramente de los puntos relacionados con esta dama, protagonista del artículo.  Jaime I casado desde febrero de 1221 con Leonor de Castilla, a los 13 años frente a su consorte de 30 años. Se divorcia, por oscuros motivos aun no suficientemente explicados, aunque al parecer se había encaprichado de una dama navarra, Dñª Teresa Gil de Vidaure. Pasando a la historia el de consanguineidad (parientes en 4º grado) del que apercibió el propio monarca, ¡a los 8 años de su matrimonio! Para Miedes, el motivo principal fue el matrimonio en sí mismo, por la imbecilidad del agente y ardor de la concupiscencia ſin poderſe amatar. Esto es cuestionable, ya había sido padre y al parecer mantenía relaciones con la Vidaure, que fue probablemente la causa de la ruptura.  En ese periodo de soltería, por espacio de seis años mantiene relaciones nunca bien vistas por la impoluta y fermentada iglesia católica, con la navarra comprometiendo su palabra de caballero con promesa de matrimonio para conseguir sus favores. Matrimonio que no llegó a efectuar hasta años después y por un tiempo efímero, impuesto por el papa de esa época Urbano IV y reiterado por Clemente IV. Con esta dama tiene dos hijos: Jaime, (1238/85) señor Jérica y Pedro, (1240/1318) señor de Ayerbe, nacidos en pleno matrimonio con Yolanda, que a pesar del estricto control que ejercía sobre su marido, no pudo evitar las viejas relaciones prematrimoniales. En un artículo de José Zalba Una dama navarra, reina, esclava y ¿milagrosa?, cree que Jaime conoció a esta dama en su segundo viaje a Navarra, tras la muerte de Yole, lo data a partir del 1254.
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Violante de Hungría
II, que regía el reino preservando el derecho del niño ante los voraces vecinos y paisanos que deseaban ocupar su lugar. Tenía 6 años cuando fue jurado en las Cortes de Lérida en 1214, y en septiembre de 1218 en las mismas Cortes se le declara mayor de edad.  Su temprana eclosión produjo sin la menor duda, un efecto contrario al que se supone debía ser su buena educación. Aprende rápido lo que se mueve en su entorno, sobre todo aquello que da poder, cuando es ejercido desde el poder; en esa sociedad donde todos son amigos o enemigos interesados, donde el honor es una falacia, es donde se le inculca voluntaria o involuntariamente, por activo y por pasivo, el máximo valor del que hará gala en toda su existencia ¡la traición! Tal vez no toda la culpa debiera recaer en el personaje y sí en el entorno influenciable, de ahí que quiero dejar claro que lo que critico no es la persona, (que con el bagaje que el tocó, mucho es que sobreviviera) sino sus actos y consecuencias. A su muerte aconseja a su heredero Pedro III, que preste oídos y haga caso a lo que le indiquen los oligarcas barceloneses, pues de ello depende la estabilidad del reino y el afianzamiento en su testa de la corona del reino. Pedro IV en su infancia es un magnífico ejemplo. Ya entonces se tenía que haber puesto orden entre judíos, moros y desechos periféricos sociales procedentes de todos los lugares de Europa concentrados en esa región. De nuevo la Historia como testigo fiel del paso del tiempo, demuestra que seguimos dándole vueltas a la perdiz.  Guardando un orden hablaremos someramente de los puntos relacionados con esta dama, protagonista del artículo.  Jaime I casado desde febrero de 1221 con Leonor de Castilla, a los 13 años frente a su consorte de 30 años. Se divorcia, por oscuros motivos aun no suficientemente explicados, aunque al parecer se había encaprichado de una dama navarra, Dñª Teresa Gil de Vidaure. Pasando a la historia el de consanguineidad (parientes en 4º grado) del que apercibió el propio monarca, ¡a los 8 años de su matrimonio! Para Miedes, el motivo principal fue el matrimonio en sí mismo, por la imbecilidad del agente y ardor de la concupiscencia ſin poderſe amatar. Esto es cuestionable, ya había sido padre y al parecer mantenía relaciones con la Vidaure, que fue probablemente la causa de la ruptura.  En ese periodo de soltería, por espacio de seis años mantiene relaciones nunca bien vistas por la impoluta y fermentada iglesia católica, con la navarra comprometiendo su palabra de caballero con promesa de matrimonio para conseguir sus favores. Matrimonio que no llegó a efectuar hasta años después y por un tiempo efímero, impuesto por el papa de esa época Urbano IV y reiterado por Clemente IV. Con esta dama tiene dos hijos: Jaime, (1238/85) señor Jérica y Pedro, (1240/1318) señor de Ayerbe, nacidos en pleno matrimonio con Yolanda, que a pesar del estricto control que ejercía sobre su marido, no pudo evitar las viejas relaciones prematrimoniales. En un artículo de José Zalba Una dama navarra, reina, esclava y ¿milagrosa?, cree