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Génesis del Reino D'Aragó
Gordo (quien podría haber usado ya el mismo emblema en 1215) a Alfonso II de Aragón en 1188. El uso de las Barras de Aragón por parte de los condes de Foix, según señalan F. Xavier Calicó y Faustino Menéndez Pidal de Navascués, se debe a que desde 1188 estos condes rendían homenaje vasallático al rey de Aragón, estando documentado actuando a su servicio en el reino de Aragón desde 1208.   	Otro hijo bastardo del rey Sancho el Mayor, don Vela ayuda a su pariente D, Alfonso IV en la conquista de Toledo en el 1085, teniendo como heráldica un escudo español con cinco cruces potenzadas sobre bordura en azur. En gules sobre campo de oro cinco barras en palo, citado por el eminente heraldista Fernando Martínez Larrañaga: En el tiempo que reinava el rey don Alonso en Castilla que ganó a Toledo vino un fijo vastardo del Rey de Aragón que llamavan don Vela a lo servir. E andando este rey don Alonso a correr monte sobre las peñas de Mena, vio d´ençima la tierra es agora Ayala que no era poblada, que se llamava la Sopeña; estando el rey sobre la peña de Salvada, dixeronle los cavalleros que porque no poblava aquella tierra e dixoles que la poblaría si oviese quien lo poblase. E aquel conde don Vela de Aragon pidiole por merçed que gela diese e qu´él la poblaría. E algunos que allí estavan que lo querían bien dixieronles: Señor, áyala (Señor ¿está hecho?) E Rey dixo: Pues áyala (ahí hela)
escudo con fondo de oro de manos del rey Carlos II el Calvo. Explica el mito que el mismo rey pintó, con los dedos manchados de sangre de las heridas del conde, las cuatro barras rojas. Juan Sans y de Barutell marino e historiador de fines del XVIII y principios del XIX, refutaría la credibilidad de ese absurdo mito.   Fluvià de nuevo elucubrando y situándose de nuevo en las antípodas del rigor científico, propone como apoyo documental una inicial miniada de la versión catalana de la Crónica de San Juan de la Peña donde aparece el conde Guifredo (no su hijo, Guifredo el Velloso) rindiendo vasallaje al emperador Carlomagno, pero los escudos que portan son apócrifos. El de Carlomagno, que nunca usó, es una recreación del siglo XIV, puesto que en época de Carlomagno no se usaban escudos de armas, y los atributos del emperador eran el pomo y el cetro.   El de Guifredo sería también fruto del hecho de que la Crónica fue compuesta en el taller de Pedro IV en la segunda mitad del siglo XIV. Como vemos, la labor de rearme emblemático y heráldico de Pedro IV, que necesitaba hacer prevalecer su dignidad frente a la nobleza en la crisis de la sociedad estamental del siglo XIV, fue ingente, tanto que llegó a intitularse Pedro III en lugar de IV para contentar a la nobleza y burguesía barcelonesa   También se postuló el origen del emblema en los Condes de Foix, pero el primer escudo de armas de los condes de Foix aparece documentado en un sello pendiente de una carta de 1229 de Roger Bernardo II de Foix el Grande, tras haberse infeudado su padre Roger Bernardo I de Foix el
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Génesis del Reino D'Aragó
escudo con fondo de oro de manos del rey Carlos II el Calvo. Explica el mito que el mismo rey pintó, con los dedos manchados de sangre de las heridas del conde, las cuatro barras rojas. Juan Sans y de Barutell marino e historiador de fines del XVIII y principios del XIX, refutaría la credibilidad de ese absurdo mito.   Fluvià de nuevo elucubrando y situándose de nuevo en las antípodas del rigor científico, propone como apoyo documental una inicial miniada de la versión catalana de la Crónica de San Juan de la Peña donde aparece el conde Guifredo (no su hijo, Guifredo el Velloso) rindiendo vasallaje al emperador Carlomagno, pero los escudos que portan son apócrifos. El de Carlomagno, que nunca usó, es una recreación del siglo XIV, puesto que en época de Carlomagno no se usaban escudos de armas, y los atributos del emperador eran el pomo y el cetro.   El de Guifredo sería también fruto del hecho de que la Crónica fue compuesta en el taller de Pedro IV en la segunda mitad del siglo XIV. Como vemos, la labor de rearme emblemático y heráldico de Pedro IV, que necesitaba hacer prevalecer su dignidad frente a la nobleza en la crisis de la sociedad estamental del siglo XIV, fue ingente, tanto que llegó a intitularse Pedro III en lugar de IV para contentar a la nobleza y burguesía barcelonesa   También se postuló el origen del emblema en los Condes de Foix, pero el primer escudo de armas de los condes de Foix aparece documentado en un sello pendiente de una carta de 1229 de Roger Bernardo II de Foix el Grande, tras haberse infeudado su padre Roger Bernardo I de Foix el Gordo (quien podría haber usado ya el mismo emblema en 1215) a Alfonso II de Aragón en 1188. El uso de las Barras de Aragón por parte de los condes de Foix, según señalan F. Xavier Calicó y Faustino Menéndez Pidal de Navascués, se debe a que desde 1188 estos condes rendían homenaje vasallático al rey de Aragón, estando documentado actuando a su servicio en el reino de Aragón desde 1208.   	Otro hijo bastardo del rey Sancho el Mayor, don Vela ayuda a su pariente D, Alfonso IV en la conquista de Toledo en el 1085, teniendo como heráldica un escudo español con cinco cruces potenzadas sobre bordura en azur. En gules sobre campo de oro cinco barras en palo, citado por el eminente heraldista Fernando Martínez Larrañaga: En el tiempo que reinava el rey don Alonso en Castilla que ganó a Toledo vino un fijo vastardo del Rey de Aragón que llamavan don Vela a lo servir. E andando este rey don Alonso a correr monte sobre las peñas de Mena, vio d´ençima la tierra es agora Ayala que no era poblada, que se llamava la Sopeña; estando el rey sobre la peña de Salvada, dixeronle los cavalleros que porque no poblava aquella tierra e dixoles que la poblaría si oviese quien lo poblase. E aquel conde don Vela de Aragon pidiole por merçed que gela diese e qu´él la poblaría. E algunos que allí estavan que lo querían bien dixieronles: Señor, áyala (Señor ¿está hecho?) E Rey dixo: