jinetes de la apocalipsis, cuyo beneficio no coincide con los suyos, pero que, los necesitan para alcanzar sus planes, dando monstruos como en esa cada vez más perdida Cataluña cuyos politicastros de medio pelo mienten, estafan, delinquen (según los textos legales vigentes) y siguen sustrayendo historia, derechos y territorios a sus legítimos poseedores, bajo el paraguas de una justicia inútil y un gobierno tanto o más inútil que, la labor de esos desdichados incapaces de poner orden en un país al que se le ha encomendado la desagradable, en ocasiones, impartición de justicia. Adjudicaciones bolsilleras, inmovilizan aquellos que sí quieren ver las cosas en orden y ley, postergándolos a destinos irrelevantes para no «entorpecer» a traidores y cobardes que gobiernan. Ahora se pretende derogar la ley de Seguridad Ciudadana, ya de por sí muy dulce para con los delincuentes, porque estorba a aquellos que la justifican y a sus ángeles custodios que la potencian continuamente. El parlamento o el gobierno (a quien toque), la derogará prestando un flaco favor a la sociedad, pero eso sí, dando pábulo a los que precisamente se ven afectados por ella. No es la ley la que hay que derogar, sino ilegalizar a los que la transgreden e inculcan a sus esclavos de encefalogramas planos en perjuicio de una sociedad cada día más huérfana y abandonada  Una sociedad madura no necesita de estos petimetres, mentecatos, charlatanes de feria y liantes que las arrastra a enfrentamientos globales por intereses particulares, y con ellos a instituciones que debían ser el espejo del ser y sentirse español, espejo en las que se miran otras que comparten lengua e historia, me refiero a las sacrosantas reales instituciones académicas que últimamente no dan ni una con sus gratuitas definiciones o aportaciones históricas en lo referente a la sangrante Cataluña y sus rufianes a las que les conceden graciosamente (?) una identidad que no tuvieron, ni podrán tener, porque, el Ser que no ha Sido, difícilmente Será. Esto que puede parecer un soliloquio de Shakespeare en su Hamlet, no es otra cosa que un plagio del inglés a un filósofo de la antigua Hélade llamado Parménides, otro gigante a desmontar. Inglaterra está a rebosar de estos conceptos exógenos a su cultura. Una víctima de esa faceta es Córdoba, sus filósofos y polímatas desde la antigüedad: Séneca y Osio o entre los medievales, Abraham Ibn Daud, Ibn Hazm, Averroes, Maimónides, Fernando de Córdoba, etc., donde se estudiaba al polímata Avicena padre de muchas de las identificaciones médicas, hoy conocidas con nombres bárbaros que se apropiaron indebidamente de ellos.  Estos innecesarios ejemplares se les llena la boca en cada campaña con el mismo sustrato que incumplen continuamente, siguiendo la doctrina de otro de ese mismo patrón, Winston Churchill, al pueblo no le puede otorgar todo lo prometido en campaña, porque para la siguiente, no habría ya nada que ofrecer como se puede ver, esta clase no es patrimonio de un país o una cultura, sino que va implícita en el ser humano como decían los griegos, no hay nada más corrupto que el poder, de ahí que lo controlaran en extremo y limitaran su autoridad y tiempo. Analizando someramente y muy por alto algunas de sus
© J.M.F.N. 2023
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jinetes de la apocalipsis, cuyo beneficio no coincide con los suyos, pero que, los necesitan para alcanzar sus planes, dando monstruos como en esa cada vez más perdida Cataluña cuyos politicastros de medio pelo mienten, estafan, delinquen (según los textos legales vigentes) y siguen sustrayendo historia, derechos y territorios a sus legítimos poseedores, bajo el paraguas de una justicia inútil y un gobierno tanto o más inútil que, la labor de esos desdichados incapaces de poner orden en un país al que se le ha encomendado la desagradable, en ocasiones, impartición de justicia. Adjudicaciones bolsilleras, inmovilizan aquellos que sí quieren ver las cosas en orden y ley, postergándolos a destinos irrelevantes para no «entorpecer» a traidores y cobardes que gobiernan. Ahora se pretende derogar la ley de Seguridad Ciudadana, ya de por sí muy dulce para con los delincuentes, porque estorba a aquellos que la justifican y a sus ángeles custodios que la potencian continuamente. El parlamento o el gobierno (a quien toque), la derogará prestando un flaco favor a la sociedad, pero eso sí, dando pábulo a los que precisamente se ven afectados por ella. No es la ley la que hay que derogar, sino ilegalizar a los que la transgreden e inculcan a sus esclavos de encefalogramas planos en perjuicio de una sociedad cada día más huérfana y abandonada  Una sociedad madura no necesita de estos petimetres, mentecatos, charlatanes de feria y liantes que las arrastra a enfrentamientos globales por intereses particulares, y con ellos a instituciones que debían ser el espejo del ser y sentirse español, espejo en las que se miran otras que comparten lengua e historia, me refiero a las sacrosantas reales instituciones académicas que últimamente no dan ni una con sus gratuitas definiciones o aportaciones históricas en lo referente a la sangrante Cataluña y sus rufianes a las que les conceden graciosamente (?) una identidad que no tuvieron, ni podrán tener, porque, el Ser que no ha Sido, difícilmente Será. Esto que puede parecer un soliloquio de Shakespeare en su Hamlet, no es otra cosa que un plagio del inglés a un filósofo de la antigua Hélade llamado Parménides, otro gigante a desmontar. Inglaterra está a rebosar de estos conceptos exógenos a su cultura. Una víctima de esa faceta es Córdoba, sus filósofos y polímatas desde la antigüedad: Séneca y Osio o entre los medievales, Abraham Ibn Daud, Ibn Hazm, Averroes, Maimónides, Fernando de Córdoba, etc., donde se estudiaba al polímata Avicena padre de muchas de las identificaciones médicas, hoy conocidas con nombres bárbaros que se apropiaron indebidamente de ellos.  Estos innecesarios ejemplares se les llena la boca en cada campaña con el mismo sustrato que incumplen continuamente, siguiendo la doctrina de otro de ese mismo patrón, Winston Churchill, al pueblo no le puede otorgar todo lo prometido en campaña, porque para la siguiente, no habría ya nada que ofrecer como se puede ver, esta clase no es patrimonio de un país o una cultura, sino que va implícita en el ser humano como decían los griegos, no hay nada más corrupto que el poder, de ahí que lo controlaran en extremo y limitaran su autoridad y tiempo. Analizando someramente y muy por alto algunas de sus
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