preocupante a tenor de sus temibles decisiones, se ocupen de otra cosa que no sea su bienestar y asegurar su futuro. Sentencias peregrinas se dan a diario en los juzgados, las últimas como la sentencia de Huesca, seis años por el asesinato del Guardia Civil, su autor, un gitano rumano, hoy en libertad una vez pagada su pesada deuda con la sociedad, o la del español condenado a 17 años por dar muerte a un refugiado argelino, por no mencionar el terrible castigo (tres años de inhabilitación osea, vacaciones pagadas a quien debería haber sido expulsado y encarcelado por traición) al juez perjuro que confeccionó la constitución catalana, por no hablar del foráneo conductor ebrio que, atropelló a dos ciclistas causándoles la muerte, el cual se le condenó con otra terrible pena, su seguro abonó seis mil euros y quedó en paz con la prostituida justica y los familiares de los finados llorando sus penas e impotencias merced a las injustas decisiones de la caterva; entre otras sentencias que alarman más que satisfacen a la sociedad, la cual no entiende las distintas varas de medir que existen en ese hipócrita estado de derecho, hay que acabar con este sistema tan injusto.  No todas las sentencias llegan a la prensa que, lucha como David contra un Goliat, sordo, ciego y mudo, pero las que llegan nos hacen llorar. Esto resueltamente vergonzoso, es la única institución que sí merece la pena potenciar, conservar y multiplicar pues, en teoría y digo bien, solo en teoría, velan por los derechos de los españoles… ¿españoles?, perdón, digo mal; velan por los derechos de banqueros, políticos, y los mal llamados ahora refugiados, o alguien sigue siendo tan ingenuo para pensar que la «justicia» es igual para todos, en tanto que el resto, el común, osea tu o yo, es pasto de las llamas de la ejemplaridad que debe prevalecer para paradigma del resto del rebaño, que, por cierto, es el que sostiene a la caterva anterior incluido a esos mentecatos de libre opinión que tanto daño hacen.  Una asignatura pendiente sin lugar a dudas es la Justicia, divorciada de las leyes desde hace ya, muchos años y prostituta barata de los actos que en principio debería castigar en las personas de esos malhechores. Demostrado está que esas peregrinas sentencias están sujetas más al ideal político del artista, que a la aplicación de una verdadera justicia de otro modo no se comprendería la enorme disparidad que existe de una sentencia a otra con un mismo sustrato delictual. A estos funcionarios hay que limitarlos nadie debe estar por encima de la ley y la justica emanada de ellas, debe ser aplicada por el pueblo no por los galímatas, etimológicamente este término procede de san Mateo. En el comienzo de su obra Mateo el Evangelista lo hace de una forma embrollosa, describiendo la genealogía de una manera que si el lector pierde el hilo puede llegar a liarse y no entender situaciones ni personajes. De ahí que comenzase a utilizarse la expresión ‘galimatías’ (según Mateo) para describir ese tipo de escritos de lenguaje lioso e ideas confusas (dato tomado de Alfred López). Una verdadera justicia debe estar absolutamente despolitizada, es cierto como también lo es que, deben ser juzgados sus autores cuando delinquen moralmente contra hechos de alarma social, caso del concejal podemita (curiosa coincidencia con la alcaldesa de Madrid y su pasado
© J.M.F.N. 2023
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preocupante a tenor de sus temibles decisiones, se ocupen de otra cosa que no sea su bienestar y asegurar su futuro. Sentencias peregrinas se dan a diario en los juzgados, las últimas como la sentencia de Huesca, seis años por el asesinato del Guardia Civil, su autor, un gitano rumano, hoy en libertad una vez pagada su pesada deuda con la sociedad, o la del español condenado a 17 años por dar muerte a un refugiado argelino, por no mencionar el terrible castigo (tres años de inhabilitación osea, vacaciones pagadas a quien debería haber sido expulsado y encarcelado por traición) al juez perjuro que confeccionó la constitución catalana, por no hablar del foráneo conductor ebrio que, atropelló a dos ciclistas causándoles la muerte, el cual se le condenó con otra terrible pena, su seguro abonó seis mil euros y quedó en paz con la prostituida justica y los familiares de los finados llorando sus penas e impotencias merced a las injustas decisiones de la caterva; entre otras sentencias que alarman más que satisfacen a la sociedad, la cual no entiende las distintas varas de medir que existen en ese hipócrita estado de derecho, hay que acabar con este sistema tan injusto.  No todas las sentencias llegan a la prensa que, lucha como David contra un Goliat, sordo, ciego y mudo, pero las que llegan nos hacen llorar. Esto resueltamente vergonzoso, es la única institución que sí merece la pena potenciar, conservar y multiplicar pues, en teoría y digo bien, solo en teoría, velan por los derechos de los españoles… ¿españoles?, perdón, digo mal; velan por los derechos de banqueros, políticos, y los mal llamados ahora refugiados, o alguien sigue siendo tan ingenuo para pensar que la «justicia» es igual para todos, en tanto que el resto, el común, osea tu o yo, es pasto de las llamas de la ejemplaridad que debe prevalecer para paradigma del resto del rebaño, que, por cierto, es el que sostiene a la caterva anterior incluido a esos mentecatos de libre opinión que tanto daño hacen.  Una asignatura pendiente sin lugar a dudas es la Justicia, divorciada de las leyes desde hace ya, muchos años y prostituta barata de los actos que en principio debería castigar en las personas de esos malhechores. Demostrado está que esas peregrinas sentencias están sujetas más al ideal político del artista, que a la aplicación de una verdadera justicia de otro modo no se comprendería la enorme disparidad que existe de una sentencia a otra con un mismo sustrato delictual. A estos funcionarios hay que limitarlos nadie debe estar por encima de la ley y la justica emanada de ellas, debe ser aplicada por el pueblo no por los galímatas, etimológicamente este término procede de san Mateo. En el comienzo de su obra Mateo el Evangelista lo hace de una forma embrollosa, describiendo la genealogía de una manera que si el lector pierde el hilo puede llegar a liarse y no entender situaciones ni personajes. De ahí que comenzase a utilizarse la expresión ‘galimatías’ (según Mateo) para describir ese tipo de escritos de lenguaje lioso e ideas confusas (dato tomado de Alfred López). Una verdadera justicia debe estar absolutamente despolitizada, es cierto como también lo es que, deben ser juzgados sus autores cuando delinquen moralmente contra hechos de alarma social, caso del concejal podemita (curiosa coincidencia con la alcaldesa de Madrid y su pasado
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