Vivimos en una suciedad, y digo bien, suciedad, en la que nos sentimos engañados los jóvenes de finales del 60 y principios del 70. Esto que para alguno puede parecerle lo mejor del mundo, a mi generación en su mayoría, se nos antoja una estafocracia a la que, sin desear, contribuimos. Detectamos seguramente por error que, se nos ha transmutado esa democracia ansiada por una oligarquía con piel de estafocracia, aglutinadora en sus más altas magistraturas de lo más estúpido e incapaz de nuestra sociedad. Esta suciedad que nos hemos otorgado, surgida de un descontento generalizado, fruto de una ignorancia supina, respecto de conocimientos políticos, allá por los años setenta del siglo pasado, en la que, cuando éramos jóvenes, corríamos a golpe de palo de los «grises» gritando sin que supiéramos muy bien su significado, aquello de ¡¡España mañana será republicana!! una y otra vez.  Nos decían que, fue en la fase republicana cuando los españoles alcanzaron mayor libertad y que debíamos recuperarla, claro que, prontamente supimos por otros medios que la verdad era muy distinta; pues resultó que los mismos sujetos andrajosos que nos informaban y se aprovechaban de ese analfabetismo impuesto en los colegios sobre aquella barbarie, eran los continuadores y herederos ideológicos de aquellos que nos llevaron a una cruel guerra fratricida, entre otras causas por la comisión de los múltiples asesinatos de personas inocentes cuyo gravísimo delito, era que, pensaban de otra forma distinta a la de la izquierda radical, englobada entonces como ahora, en una multitud de partidos, todos con el mismo fin…la destrucción de los otros para continuar con la propia; vamos lo que se podría denominar una gangrena social. Cierto es, que había una asignatura en el cuarto curso de bachillerato del plan 1954, que, con el rimbombante título de Política, nos era impartida en todo el territorio nacional; no era otra cosa que, una compilación de cuentos infantiles como el principito, cartas de un padre a un hijo y cosas semejantes con las que se justificaban aquellas autoridades sobre el aperturismo de la época.  Nuestro ideal iba más allá, nuestra nueva sociedad, la pretendida por aquellos chavales que salíamos a las calles con muchas ilusiones; la percibíamos como un medio de cohesión, un modo de vivir y desarrollarse de forma exógena y por supuesto endógena. Si, recuerdo aquellos años con orgullo y nostalgia, queríamos cambiar lo que nos tocó en «herencia», aquello que no nos daba «libertad» ni la posibilidad de elegir nuestra forma de vida, ni podíamos optar a tener unos representantes procedentes de tu voluntad, ni tan siquiera podíamos insultar, dañar, delinquir, o tantas y tantas atrocidades como se hacen hoy día impunemente porque, había una ley y unos jueces que nos castigaban, aquella falta de libertad trastocada hoy en libertinaje, sin saberlo, era lo que años más tarde echaríamos de menos. Decidimos que aquellos viejos de entonces no sabían lo que era la libertad, aunque muchos de ellos la habían «vivido» en el pleno esplendor del 34, donde la vida del «otro» valía menos que una hoja de otoño, pero bueno, nos decíamos intentando convencernos ¡aquello no volverá a pasar! las hordas, las funestas y criminales hordas ubicadas en
© J.M.F.N. 2023
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Vivimos en una suciedad, y digo bien, suciedad, en la que nos sentimos engañados los jóvenes de finales del 60 y principios del 70. Esto que para alguno puede parecerle lo mejor del mundo, a mi generación en su mayoría, se nos antoja una estafocracia a la que, sin desear, contribuimos. Detectamos seguramente por error que, se nos ha transmutado esa democracia ansiada por una oligarquía con piel de estafocracia, aglutinadora en sus más altas magistraturas de lo más estúpido e incapaz de nuestra sociedad. Esta suciedad que nos hemos otorgado, surgida de un descontento generalizado, fruto de una ignorancia supina, respecto de conocimientos políticos, allá por los años setenta del siglo pasado, en la que, cuando éramos jóvenes, corríamos a golpe de palo de los «grises» gritando sin que supiéramos muy bien su significado, aquello de ¡¡España mañana será republicana!! una y otra vez.  Nos decían que, fue en la fase republicana cuando los españoles alcanzaron mayor libertad y que debíamos recuperarla, claro que, prontamente supimos por otros medios que la verdad era muy distinta; pues resultó que los mismos sujetos andrajosos que nos informaban y se aprovechaban de ese analfabetismo impuesto en los colegios sobre aquella barbarie, eran los continuadores y herederos ideológicos de aquellos que nos llevaron a una cruel guerra fratricida, entre otras causas por la comisión de los múltiples asesinatos de personas inocentes cuyo gravísimo delito, era que, pensaban de otra forma distinta a la de la izquierda radical, englobada entonces como ahora, en una multitud de partidos, todos con el mismo fin…la destrucción de los otros para continuar con la propia; vamos lo que se podría denominar una gangrena social. Cierto es, que había una asignatura en el cuarto curso de bachillerato del plan 1954, que, con el rimbombante título de Política, nos era impartida en todo el territorio nacional; no era otra cosa que, una compilación de cuentos infantiles como el principito, cartas de un padre a un hijo y cosas semejantes con las que se justificaban aquellas autoridades sobre el aperturismo de la época.  Nuestro ideal iba más allá, nuestra nueva sociedad, la pretendida por aquellos chavales que salíamos a las calles con muchas ilusiones; la percibíamos como un medio de cohesión, un modo de vivir y desarrollarse de forma exógena y por supuesto endógena. Si, recuerdo aquellos años con orgullo y nostalgia, queríamos cambiar lo que nos tocó en «herencia», aquello que no nos daba «libertad» ni la posibilidad de elegir nuestra forma de vida, ni podíamos optar a tener unos representantes procedentes de tu voluntad, ni tan siquiera podíamos insultar, dañar, delinquir, o tantas y tantas atrocidades como se hacen hoy día impunemente porque, había una ley y unos jueces que nos castigaban, aquella falta de libertad trastocada hoy en libertinaje, sin saberlo, era lo que años más tarde echaríamos de menos. Decidimos que aquellos viejos de entonces no sabían lo que era la libertad, aunque muchos de ellos la habían «vivido» en el pleno esplendor del 34, donde la vida del «otro» valía menos que una hoja de otoño, pero bueno, nos decíamos intentando convencernos ¡aquello no volverá a pasar! las hordas, las funestas y criminales hordas ubicadas en
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