libros y los ornamentos de las iglesias, como anteriormente lo había hecho Bonifacio que hizo valer su plenitudo potestatis  emitiendo, el 25 de febrero de 1296, la bula Clericis laicos, por la que prohibía el cobro de impuestos al clero sin el consentimiento papal, hecho que cercenaba las manos de Felipe al que se enfrentó. Esta osadía del Papa pone de relieve los difíciles e inaceptables ánimos de una sociedad que veían como se desnudaban sus altares para llenar unos aviesos bolsillos con la pantalla de una nueva Cruzada que nunca llegó; indudablemente contribuyó en negativo a la exaltación del ánimo espiritual de los primeros días, dejando heladas las ansias, si las hubo, de participación.   ONCEAVA CRUZADA  Protagonizada por los Hospitalarios y restos Templarios en 1307.   Los caballeros de san Juan de Jerusalén ante la expectativa resultante de su actuación despertada en los viejos reinos y señoríos europeos, seguían con su programa establecido, sin esperar apoyos de occidente ni de Roma. En el año de 1306, fue cuando los Hospitalarios ayudados de un ejército de cristianos, comenzaron atacar la isla de Rodas y cinco islas inmediatas, habitadas por turcos sometidos al emperador de Constantinopla. Los Hospitalarios se apoderaron primero de algunas islas, de algunos castillos, después lidiaron durante cuatro años, ya como sitiadores ya como sitiados, al fin se hicieron dueños de Rodas en 1310, el día de la Asunción. El gran maestre Fulco de Villaret tuvo todo el honor de esta conquista, sus caballeros recibieron desde entonces el nombre de caballeros de Rodas. (Véase la Crónica de Bernaidij). Según las cartas encíclicas del Papa Clemente, muchos Templarios que se habían unido a los Hospitalarios, tuvieron parte en su gloria. Un gran número de guerreros, excitados por la narración de las aventuras de la caballería por la pasión de la gloria militar, habían seguido a los Hospitalarios en su empresa; las mujeres mismas quisieron tener parte en esta expedición, vendieron sus joyas para ayuda de los gastos de la guerra.  El ejército de los nuevos Cruzados se embarcó en el puerto de Brindes, en breve se supo en Occidente que los frailes del Hospital se habían hecho dueños de la isla de Rodas y de cinco islas inmediatas, expulsando de ellas a griegos y musulmanes. La fama se extendía por todas partes, las hazañas de los Hospitalarios y de sus compañeros de armas llegaron a todos los rincones; en aquellos días el rey de Francia ordena detener a los templarios en su reino, en el 1308 convoca el papa un concilio ecuménico (Concilio de Viena) para determinar oficialmente lo que ya se sabía de antemano sobre el futuro de la Orden y sus canónigos que seguían luchando a favor de la cristiandad. Si este sujeto hubiera dirigido las ansias guerreras hacia Palestina, en lugar del servilismo prestado a su amo y se hubiese implicado más en la defensa y recuperación de Tierra Santa, junto con el Hermoso, quizás y sólo quizás, hubiera sido digno de respetuoso recuerdo.   Después de haber recibido en la isla de Chipre a los caballeros del Templo, se retiraron a Sicilia, en donde el rey los había empleado en una expedición contra la Grecia. Con Esta belicosa milicia, se apoderó de Tesalónica  se hizo dueña de Atenas, avanzó hacia el Helesponto asoló una parte de la Tracia.
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colectores que les prohibió formalmente tomar los cálices, los libros y los ornamentos de las iglesias, como anteriormente lo había hecho Bonifacio que hizo valer su plenitudo potestatis  emitiendo, el 25 de febrero de 1296, la bula Clericis laicos, por la que prohibía el cobro de impuestos al clero sin el consentimiento papal, hecho que cercenaba las manos de Felipe al que se enfrentó. Esta osadía del Papa pone de relieve los difíciles e inaceptables ánimos de una sociedad que veían como se desnudaban sus altares para llenar unos aviesos bolsillos con la pantalla de una nueva Cruzada que nunca llegó; indudablemente contribuyó en negativo a la exaltación del ánimo espiritual de los primeros días, dejando heladas las ansias, si las hubo, de participación.   ONCEAVA CRUZADA  Protagonizada por los Hospitalarios y restos Templarios en 1307.   Los caballeros de san Juan de Jerusalén ante la expectativa resultante de su actuación despertada en los viejos reinos y señoríos europeos, seguían con su programa establecido, sin esperar apoyos de occidente ni de Roma. En el año de 1306, fue cuando los Hospitalarios ayudados de un ejército de cristianos, comenzaron atacar la isla de Rodas y cinco islas inmediatas, habitadas por turcos sometidos al emperador de Constantinopla. Los Hospitalarios se apoderaron primero de algunas islas, de algunos castillos, después lidiaron durante cuatro años, ya como sitiadores ya como sitiados, al fin se hicieron dueños de Rodas en 1310, el día de la Asunción. El gran maestre Fulco de Villaret tuvo todo el honor de esta conquista, sus caballeros recibieron desde entonces el nombre de caballeros de Rodas. (Véase la Crónica de Bernaidij). Según las cartas encíclicas del Papa Clemente, muchos Templarios que se habían unido a los Hospitalarios, tuvieron parte en su gloria. Un gran número de guerreros, excitados por la narración de las aventuras de la caballería por la pasión de la gloria militar, habían seguido a los Hospitalarios en su empresa; las mujeres mismas quisieron tener parte en esta expedición, vendieron sus joyas para ayuda de los gastos de la guerra.  El ejército de los nuevos Cruzados se embarcó en el puerto de Brindes, en breve se supo en Occidente que los frailes del Hospital se habían hecho dueños de la isla de Rodas y de cinco islas inmediatas, expulsando de ellas a griegos y musulmanes. La fama se extendía por todas partes, las hazañas de los Hospitalarios y de sus compañeros de armas llegaron a todos los rincones; en aquellos días el rey de Francia ordena detener a los templarios en su reino, en el 1308 convoca el papa un concilio ecuménico (Concilio de Viena) para determinar oficialmente lo que ya se sabía de antemano sobre el futuro de la Orden y sus canónigos que seguían luchando a favor de la cristiandad. Si este sujeto hubiera dirigido las ansias guerreras hacia Palestina, en lugar del servilismo prestado a su amo y se hubiese implicado más en la defensa y recuperación de Tierra Santa, junto con el Hermoso, quizás y sólo quizás, hubiera sido digno de respetuoso recuerdo.   Después de haber recibido en la isla de Chipre a los caballeros del Templo, se retiraron a Sicilia, en donde el rey los
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