A MODO INTRODUCTORIO  El presente hallazgo demuestra el craso error de aquellos que opinan que la Historia es una ciencia muerta, e incluso dentro de la profesión, la corriente que defiende la contemporaneidad de la misma, en su versión puramente conceptual y no atemporal; suelen coincidir con los de confederaciones medievales, coronas, y denominaciones espurias de territorios o sociedades inexistentes para ese periodo, también deberían hacer una reflexión sobre sus múltiples gratuidades en lo referente a la cumplimentación de una de las disciplinas más antiguas de la humanidad.   LA ÚLTIMA CRUZADA DE LOS TEMPLARIOS BREVE INTRODUCCIÓN HISTÓRICA  Tras el desastre de la pérdida de Ptolemaida (san Juan de Acre, nombre que recibe en la tercera cruzada tras ser reconquistada de nuevo) el 28 de mayo de 1291, los restos de supervivientes se refugiaron en Chipre donde permanecieron hasta su suspensión. Isla comprada a Ricardo Corazón de León por el Templo, que a su vez se la cedió al tristemente famoso Guy de Lusignan. En aquellos días, Enrique II su gobernador, recibió a estas destrozadas huestes.   Su nuevo Maestre, Thibaud Gaudin (el anterior Guillaume de Beaujeu había caído valientemente en la defensa de Ptolemaida) personaje de dudosa honorabilidad, acusa a Roger de Flor, (Sargento de la Orden) capitán de la flota templaria, de haberse apoderado de reliquias y bienes de la Orden, hecho que nunca se pudo demostrar, pero que, dio pie para que éste causara baja en el Templo. Este nuevo Lusignan, abandonó a sus hombres y la plaza que defendía. Durante su maestrazgo no volverían los templarios a Tierra Santa. Parte hacia Chipre, la excusa como la de Palafox en la defensa de Zaragoza, ir a reclutar hombres para sostener Ptolemaida, una vez vio su pellejo a salvo, se olvidó de su «misión», esto le pasaría factura en breves. Alguna fuente apunta la posibilidad de que su muerte se debió a que la conciencia le roía, ese dios invisible que te acompaña a todas partes y del cual no puedes huir, acabó haciendo justicia el 16 de abril de 1292. Jacques de Molay, (cuya escueta biografía omito) tras su cargo de Mariscal de la Orden, sustituyendo a Pedro de Sevrey, a fines de 1292 después de la muerte de Gaudin, es nombrado Maestre de la Orden.  Las prédicas de Nicolás IV, ofreciendo nuevas indulgencias, una de cien días que se concede a los que asistiesen, aunque solo fuera a los sermones de sus predicadores, para ayudar a los defensores de San Juan de Acre en una nueva Cruzada, con la esperanza de que una vez oídas y «vista» la situación del cristianismo en Tierra Santa, conmover los duros corazones que ya
© J.M.F.N. 2023
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A MODO INTRODUCTORIO  El presente hallazgo demuestra el craso error de aquellos que opinan que la Historia es una ciencia muerta, e incluso dentro de la profesión, la corriente que defiende la contemporaneidad de la misma, en su versión puramente conceptual y no atemporal; suelen coincidir con los de confederaciones medievales, coronas, y denominaciones espurias de territorios o sociedades inexistentes para ese periodo, también deberían hacer una reflexión sobre sus múltiples gratuidades en lo referente a la cumplimentación de una de las disciplinas más antiguas de la humanidad.   LA ÚLTIMA CRUZADA DE LOS TEMPLARIOS BREVE INTRODUCCIÓN HISTÓRICA  Tras el desastre de la pérdida de Ptolemaida (san Juan de Acre, nombre que recibe en la tercera cruzada tras ser reconquistada de nuevo) el 28 de mayo de 1291, los restos de supervivientes se refugiaron en Chipre donde permanecieron hasta su suspensión. Isla comprada a Ricardo Corazón de León por el Templo, que a su vez se la cedió al tristemente famoso Guy de Lusignan. En aquellos días, Enrique II su gobernador, recibió a estas destrozadas huestes.   Su nuevo Maestre, Thibaud Gaudin (el anterior Guillaume de Beaujeu había caído valientemente en la defensa de Ptolemaida) personaje de dudosa honorabilidad, acusa a Roger de Flor, (Sargento de la Orden) capitán de la flota templaria, de haberse apoderado de reliquias y bienes de la Orden, hecho que nunca se pudo demostrar, pero que, dio pie para que éste causara baja en el Templo. Este nuevo Lusignan, abandonó a sus hombres y la plaza que defendía. Durante su maestrazgo no volverían los templarios a Tierra Santa. Parte hacia Chipre, la excusa como la de Palafox en la defensa de Zaragoza, ir a reclutar hombres para sostener Ptolemaida, una vez vio su pellejo a salvo, se olvidó de su «misión», esto le pasaría factura en breves. Alguna fuente apunta la posibilidad de que su muerte se debió a que la conciencia le roía, ese dios invisible que te acompaña a todas partes y del cual no puedes huir, acabó haciendo justicia el 16 de abril de 1292. Jacques de Molay, (cuya escueta biografía omito) tras su cargo de Mariscal de la Orden, sustituyendo a Pedro de Sevrey, a fines de 1292 después de la muerte de Gaudin, es nombrado Maestre de la Orden.  Las prédicas de Nicolás IV, ofreciendo nuevas indulgencias, una de cien días que se concede a los que asistiesen, aunque solo fuera a los sermones de sus predicadores, para ayudar a los defensores de San Juan de Acre en una nueva Cruzada, con la esperanza de que una vez oídas y «vista» la situación del cristianismo en Tierra Santa, conmover los duros corazones que ya
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