PSOE, se llevó la mayor ovación, seguido de Bolea. En cambio, Saturnino Argüís, que había accedido al organismo preautonómico aragonés sin elección, por ser presidente de la Diputación Provincial de Huesca, fue someramente pitado, como también el diputado socialista por Teruel Carlos Zayas. El FRAP en Huesca y los fascistas en Zaragoza, protagonizaron los únicos incidentes, los primeros portando banderas tricolores intentaron boicotear el acto que se celebró en la catedral, gritando eslóganes republicanos y abucheando a los oradores, especialmente a Fernando Romo dirigente del MCA, que hablaba en nombre de todos los partidos políticos oscenses.  El mismo grupo estuvo a punto de reventar la manifestación que se formó en el Coso Alto, al separar la presidencia del resto de los manifestantes. Los parlamentarios y dirigentes políticos, junto a medio millar de personas, tuvieron que dar un rodeo hasta el parque, seguidos por el grupo de boicoteadores, para volverse a juntar con el resto después de casi correr por la calle Valentín Carderera. También en Zaragoza, grupos fascistas de Fuerza Nueva, ataviados con pegatinas de esa coalición política, guantes negros y gafas de espejo, portando banderas nacionales, gritando «Aragón es España, viva Aragón viva España». Finalmente se colocaron en las escaleras de la Diputación Provincial, por donde tenía que pasar la presidencia de la manifestación. El servicio de orden, esta vez más numeroso y organizado, tuvo que emplearse a fondo para desalojar al grupo. En Teruel no hubo incidentes, ni parecieron banderas tricolores, alrededor de 4.000 personas, bastantes más de las esperadas por los organizadores, desfilaron desde la plaza del Seminario hasta la Diputación Provincial, atravesando el centro de la ciudad, en ella participaron todos los parlamentarios de la provincia, presididos por José Ángel Biel, presidente de la Diputación.  En las tres capitales de provincia se leyeron sendos comunicados, en los que al mismo tiempo que se saludaba al organismo recién creado, se criticaban sus defectos, el de Huesca fue considerado especialmente duro por algunos observadores políticos, y se insistía en la necesidad de llegar a la autonomía verdadera y completa, a través de un Estatuto. De alguna manera recogió el reto el nuevo presidente Juan Antonio Bolea, que en su discurso de Huesca señaló, que no se aceptaría soluciones descentralizadoras o comunitarias «nuestra voluntad es autonomista porque es el sentir de nuestro pueblo». Jaime Gaspar en Huesca y Ramón Sainz de Varanda en Zaragoza, pusieron el contrapunto a los discursos de los políticos de la UCD que se movieron en líneas generales. Sobre todo, el segundo, que arrancó grandes aplausos al criticar la expoliación de los recursos de la región y la situación del campo, las altas tasas de emigración de los aragoneses o veladamente la presencia americana en la base aérea, la gente lo entendió e irrumpió en gritos de «yanquis fuera».   Pese a una cierta y explicable desorganización, los actos del 22 y 23, pusieron de manifiesto que el PSOE, había adquirido en Aragón una capacidad organizadora de masas, que
© J.M.F.N. 2023
Antecedentes y desarrollo de la Manifestación autonomista del 26 de Abril de 1.978
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PSOE, se llevó la mayor ovación, seguido de Bolea. En cambio, Saturnino Argüís, que había accedido al organismo preautonómico aragonés sin elección, por ser presidente de la Diputación Provincial de Huesca, fue someramente pitado, como también el diputado socialista por Teruel Carlos Zayas. El FRAP en Huesca y los fascistas en Zaragoza, protagonizaron los únicos incidentes, los primeros portando banderas tricolores intentaron boicotear el acto que se celebró en la catedral, gritando eslóganes republicanos y abucheando a los oradores, especialmente a Fernando Romo dirigente del MCA, que hablaba en nombre de todos los partidos políticos oscenses.  El mismo grupo estuvo a punto de reventar la manifestación que se formó en el Coso Alto, al separar la presidencia del resto de los manifestantes. Los parlamentarios y dirigentes políticos, junto a medio millar de personas, tuvieron que dar un rodeo hasta el parque, seguidos por el grupo de boicoteadores, para volverse a juntar con el resto después de casi correr por la calle Valentín Carderera. También en Zaragoza, grupos fascistas de Fuerza Nueva, ataviados con pegatinas de esa coalición política, guantes negros y gafas de espejo, portando banderas nacionales, gritando «Aragón es España, viva Aragón viva España». Finalmente se colocaron en las escaleras de la Diputación Provincial, por donde tenía que pasar la presidencia de la manifestación. El servicio de orden, esta vez más numeroso y organizado, tuvo que emplearse a fondo para desalojar al grupo. En Teruel no hubo incidentes, ni parecieron banderas tricolores, alrededor de 4.000 personas, bastantes más de las esperadas por los organizadores, desfilaron desde la plaza del Seminario hasta la Diputación Provincial, atravesando el centro de la ciudad, en ella participaron todos los parlamentarios de la provincia, presididos por José Ángel Biel, presidente de la Diputación.  En las tres capitales de provincia se leyeron sendos comunicados, en los que al mismo tiempo que se saludaba al organismo recién creado, se criticaban sus defectos, el de Huesca fue considerado especialmente duro por algunos observadores políticos, y se insistía en la necesidad de llegar a la autonomía verdadera y completa, a través de un Estatuto. De alguna manera recogió el reto el nuevo presidente Juan Antonio Bolea, que en su discurso de Huesca señaló, que no se aceptaría soluciones descentralizadoras o comunitarias «nuestra voluntad es autonomista porque es el sentir de nuestro pueblo». Jaime Gaspar en Huesca y Ramón Sainz de Varanda en Zaragoza, pusieron el contrapunto a los discursos de los políticos de la UCD que se movieron en líneas generales. Sobre todo, el segundo, que arrancó grandes aplausos al criticar la expoliación de los recursos de la región y la situación del campo, las altas tasas de emigración de los aragoneses o veladamente la presencia americana en la base aérea, la gente lo entendió e irrumpió en gritos de «yanquis fuera».   Pese a una cierta y explicable desorganización, los actos del 22 y 23, pusieron de manifiesto que el PSOE, había adquirido en Aragón una capacidad organizadora de masas, que
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