Por cierto ¿saben la etimología del vocablo?…¿noooo?, pues permítanme, esa Cataluña con las diferenciaciones y aportaciones léxicas lógicas, no es ni más ni menos que nuestra CASTILLA del alma o dicho de otro modo, «tierra de castillos», «catlands», ¿sí señor ya saben algo más?, pero tanto es el rechazo y la ponzoña transmitida desde esa región hacia el resto de regiones que, hasta los más desarrapados (léase politicastros) lo dan por bueno. Premisa obligatoria para buen político es la sublime ignorancia del tema que toca. Hasta que los votantes no se den cuenta de la necesaria «educación» que deben poseer en la materia que desarrollan más mal que bien y que debería ser obligada para los candidatos, no avanzaremos ni un solo metro en esa falsa y utópica democracia, que pretender vendernos estos oligarcas de hoy. Los historiadores endulzados con esa amarga miel, retrotraen la antigüedad justificada a un escrito de los pisanos que, solicitan la colaboración de los moradores de esas tierras repletas de castillos, los cuales al carecer de identidad jurídica, genética o étnica, (eran restos de tribus y bagaudas dedicados más al pillaje que al honor de las armas) los denominaban «los moradores de castillos», para la conquista de las Pituisas; así los más «profesionales» apuntan que al menos territorialmente, ya existía Cataluña en esa época, aunque no jurídicamente, que es lo mismo que no existir. Otros que se podrían sumar a esa Academia, pero es fin eso es otra historia.  Ya el patético Pompeu (Pompeyo) Fabra, (químico) uno de los precursores del primer renacimiento, a golpe de imposición del otro, no menos ejemplar, Prat de la Riba, (abogado y periodista) «escogió» el barcelonés como idioma de la raza (?) catalana, dialecto que otros condenaban (padre Batllori, F. Juanto de la Sorbona, y más recientemente J. Mª Guinot, etc.), a la forma de expresión barcelonesa que siempre se negaron a reconocer dado que en toda la geografía, las diversas formas de expresión eran hijas de la occitana y por lo tanto, ninguna debía prevalecer sobre otra. Empero, este par de «lingüistas» aficionados (al menos el primero, el segundo ni tan siquiera se le conoce esa afición) volvió a blandir las ancestrales e infalibles armas de esa oligarquía (el dinero y el poder) venciendo de nuevo, lo bruto a la ciencia. Para estos y su caterva, el barcelonés, fue la única admitida y reconocida, a pesar de su impureza, (más tarde la rechazarían, pero el engendro ya estaba creado) al tratarse de una ciudad cosmopolita y recibir influencias negativas para la pureza de su «lengua», según la versión ida de este grupito y su «diccionari» conocido por ellos mismos como «faltas ortográficas catalanas». Expresiones que servían para su catalán del alma, aún en plena «depuración», por los actuales hiladores, segundos renacentistas, pero en fin eso es otro tema, como ve son muchas las ramas que se asoman al tronco.  Otra supuesta barbaridad fue una de sus graciosas noticias, también acunadas en esa academia, respecto del valenciano que, al parecer, es dialecto de su «catalán», menos mal, que el castellano gallego y otros por motivos obvios, aún no ha sido honrado con semejante cuna… de momento, no lo
© J.M.F.N. 2023
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Por cierto ¿saben la etimología del vocablo?…¿noooo?, pues permítanme, esa Cataluña con las diferenciaciones y aportaciones léxicas lógicas, no es ni más ni menos que nuestra CASTILLA del alma o dicho de otro modo, «tierra de castillos», «catlands», ¿sí señor ya saben algo más?, pero tanto es el rechazo y la ponzoña transmitida desde esa región hacia el resto de regiones que, hasta los más desarrapados (léase politicastros) lo dan por bueno. Premisa obligatoria para buen político es la sublime ignorancia del tema que toca. Hasta que los votantes no se den cuenta de la necesaria «educación» que deben poseer en la materia que desarrollan más mal que bien y que debería ser obligada para los candidatos, no avanzaremos ni un solo metro en esa falsa y utópica democracia, que pretender vendernos estos oligarcas de hoy. Los historiadores endulzados con esa amarga miel, retrotraen la antigüedad justificada a un escrito de los pisanos que, solicitan la colaboración de los moradores de esas tierras repletas de castillos, los cuales al carecer de identidad jurídica, genética o étnica, (eran restos de tribus y bagaudas dedicados más al pillaje que al honor de las armas) los denominaban «los moradores de castillos», para la conquista de las Pituisas; así los más «profesionales» apuntan que al menos territorialmente, ya existía Cataluña en esa época, aunque no jurídicamente, que es lo mismo que no existir. Otros que se podrían sumar a esa Academia, pero es fin eso es otra historia.  Ya el patético Pompeu (Pompeyo) Fabra, (químico) uno de los precursores del primer renacimiento, a golpe de imposición del otro, no menos ejemplar, Prat de la Riba, (abogado y periodista) «escogió» el barcelonés como idioma de la raza (?) catalana, dialecto que otros condenaban (padre Batllori, F. Juanto de la Sorbona, y más recientemente J. Mª Guinot, etc.), a la forma de expresión barcelonesa que siempre se negaron a reconocer dado que en toda la geografía, las diversas formas de expresión eran hijas de la occitana y por lo tanto, ninguna debía prevalecer sobre otra. Empero, este par de «lingüistas» aficionados (al menos el primero, el segundo ni tan siquiera se le conoce esa afición) volvió a blandir las ancestrales e infalibles armas de esa oligarquía (el dinero y el poder) venciendo de nuevo, lo bruto a la ciencia. Para estos y su caterva, el barcelonés, fue la única admitida y reconocida, a pesar de su impureza, (más tarde la rechazarían, pero el engendro ya estaba creado) al tratarse de una ciudad cosmopolita y recibir influencias negativas para la pureza de su «lengua», según la versión ida de este grupito y su «diccionari» conocido por ellos mismos como «faltas ortográficas catalanas». Expresiones que servían para su catalán del alma, aún en plena «depuración», por los actuales hiladores, segundos renacentistas, pero en fin eso es otro tema, como ve son muchas las ramas que se asoman al tronco.  Otra supuesta barbaridad fue una de sus graciosas noticias, también acunadas en esa academia, respecto del valenciano que, al parecer, es dialecto de su «catalán», menos mal, que el castellano gallego y otros por motivos obvios, aún no ha sido honrado con semejante cuna… de momento, no lo
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