como se puede observar. Por si se les ha pasado por alto, implica tácitamente una dependencia del catalán al castellano y no al revés, lo cual tampoco es real, pues ambas formas son ramas de un mismo tronco, lo demás son zarandajas. Léanlo bien y así quizás eviten un ridículo espantoso como el presente.  Aunque a priori no lo perciban, les estoy haciendo un favor, al menos intento evitar que los relacionen con esos lingüistas catalanes que gozan de un «titulito» académico de esa comunidad (sin más comentarios… no son necesarios) para aseverar que el catalán es anterior al latín, ¡lo que oyen oiga!, ¡anterior al latín! ¡Ahí es nada!, y claro como también lo dudo, pues eso, les pongo en guardia, dada su… candidez. Solo un pequeño apunte, obsérvese la pieza denominada «Gola», sin duda alguna, también de la misma procedencia porque «gola» quiere decir garganta en el vello, antiguo y lustroso idioma catalán, de por cierto ningún autor serio conocido…¡de nadaaaaa! «Pa esostamo» les reitero ese tono guasón.  Este diccionario está escrito por un catalán de ahí la referencia local, de haber sido su autor gallego, el origen del vocablo, según su versión, hubiese sido gallego, al fin y al cabo, de la misma raíz, pero de ningún modo la etimología aplicada que ustedes alegremente han tomado por aquello de que … «a la postre qué más da, latín o el sacrosanto catalán ¿verdad?, el caso es que si no sabemos, al menos cumplimentamos y de paso quedamos bien con nuestros más que estimados amos amigos». Creo que además en beneficio de la ciencia, esas aseveraciones deberían tener argumentos más sostenibles (premisas y proposiciones) que el simple Ipsedixitismo (ahí lo suelto, y pa tós café) que, de no ser así, al menos, sí da la impresión, de esa para mí, tremenda metedura de pata por parte de los señores académicos, que deberían al menos considerar y tomarse más en serio su labor que, aunque no lo crean, es muy importante y así evitaríamos la fuga de nació es de habla hispana merced a las irresponsables modificaciones de un sector de más que dudosa credibilidad se están llevan do a cabo. La ignorancia institucionalizada déjensela para los políticos, cualquier patán vale para ejercer de mequetrefe de caseta en la tribuna de oradores, donde se agolpan las sardinas para ser recogidas por los avispados aedos y rapsodas. De esos actualizados lodos, gozamos de estupendos barros.  Ni semántica ni léxica ni por supuesto etimológicamente, tiene relación o parecido alguno con lo propuesto por esa impoluta academia y el vocablo usado por Cervantes, al menos a tenor de lo que Catedráticos y profesionales lingüistas han dicho y publicado. Les recuerdo que el castellano antiguo empezó hablarse como lengua vehicular a partir de san Fernando, allá por el primer tercio del siglo XIII, creo recordar, hasta entonces se hablaba una variante occitana como en Galicia, Aragón parte de Navarra y por supuesto la sacrosanta. Tiene la misma raíz que su «catalán», idioma político que no lingüístico, aun en periodo de formación, dada las diferenciaciones léxicas de las tierras que componen el actual «país» y que en su mayoría nunca fueron «catalanas».
© J.M.F.N. 2023
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como se puede observar. Por si se les ha pasado por alto, implica tácitamente una dependencia del catalán al castellano y no al revés, lo cual tampoco es real, pues ambas formas son ramas de un mismo tronco, lo demás son zarandajas. Léanlo bien y así quizás eviten un ridículo espantoso como el presente.  Aunque a priori no lo perciban, les estoy haciendo un favor, al menos intento evitar que los relacionen con esos lingüistas catalanes que gozan de un «titulito» académico de esa comunidad (sin más comentarios… no son necesarios) para aseverar que el catalán es anterior al latín, ¡lo que oyen oiga!, ¡anterior al latín! ¡Ahí es nada!, y claro como también lo dudo, pues eso, les pongo en guardia, dada su… candidez. Solo un pequeño apunte, obsérvese la pieza denominada «Gola», sin duda alguna, también de la misma procedencia porque «gola» quiere decir garganta en el vello, antiguo y lustroso idioma catalán, de por cierto ningún autor serio conocido…¡de nadaaaaa! «Pa esostamo» les reitero ese tono guasón.  Este diccionario está escrito por un catalán de ahí la referencia local, de haber sido su autor gallego, el origen del vocablo, según su versión, hubiese sido gallego, al fin y al cabo, de la misma raíz, pero de ningún modo la etimología aplicada que ustedes alegremente han tomado por aquello de que … «a la postre qué más da, latín o el sacrosanto catalán ¿verdad?, el caso es que si no sabemos, al menos cumplimentamos y de paso quedamos bien con nuestros más que estimados amos amigos». Creo que además en beneficio de la ciencia, esas aseveraciones deberían tener argumentos más sostenibles (premisas y proposiciones) que el simple Ipsedixitismo (ahí lo suelto, y pa tós café) que, de no ser así, al menos, sí da la impresión, de esa para mí, tremenda metedura de pata por parte de los señores académicos, que deberían al menos considerar y tomarse más en serio su labor que, aunque no lo crean, es muy importante y así evitaríamos la fuga de nació es de habla hispana merced a las irresponsables modificaciones de un sector de más que dudosa credibilidad se están llevan do a cabo. La ignorancia institucionalizada déjensela para los políticos, cualquier patán vale para ejercer de mequetrefe de caseta en la tribuna de oradores, donde se agolpan las sardinas para ser recogidas por los avispados aedos y rapsodas. De esos actualizados lodos, gozamos de estupendos barros.  Ni semántica ni léxica ni por supuesto etimológicamente, tiene relación o parecido alguno con lo propuesto por esa impoluta academia y el vocablo usado por Cervantes, al menos a tenor de lo que Catedráticos y profesionales lingüistas han dicho y publicado. Les recuerdo que el castellano antiguo empezó hablarse como lengua vehicular a partir de san Fernando, allá por el primer tercio del siglo XIII, creo recordar, hasta entonces se hablaba una variante occitana como en Galicia, Aragón parte de Navarra y por supuesto la sacrosanta. Tiene la misma raíz que su «catalán», idioma político que no lingüístico, aun en periodo de formación, dada las diferenciaciones léxicas de las tierras que componen el actual «país» y que en su mayoría nunca fueron «catalanas».
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