(la Caixa) con todo su gran acervo cultural, que lo tiene, esté apoyando a la institución lingüística más importante del castellano y de la que no me cabe duda, aporta lo necesario y suficiente para documentar las nuevos descubrimientos, contribuyendo a corregir los grandes y graves errores cometidos por los ancestros que, no sabían, pobres almas ignorantes que, su identitario quijote, como el valenciano, entre otras nuevas y demoledoras gratuidades de esa academia, eran hijos de una forma occitana de expresión en su rama lemosín aún no «inventada» para esa época y que más tarde se conocería como «el cataláaannnnn», aunque eso sí, era lengua vulgar como sus hermanas, dado que la cultivada era el árabe y el latín, éste último ya en franca decadencia. Por cierto, lengua hablada por el «padre del catalán» (versión provinciana) el mallorquín Raimundo Lull a nivel íntimo, ya que despreciaba esa forma de comunicación en beneficio, como he dicho párrafos anteriores, del árabe y el latín. Lull que jamás estuvo en Barcelona, (salvo de paso) de levantar cabeza hoy, y encontrarse con semejante paternidad, seguramente se moriría de un ataque de risa, eso desgraciadamente es común en toda nuestra historia; pero no importa, ¡claro que no! Raimundo quiera o no, ¡es padre…de algo! Quién se lo iba a decir al pobre monje, ¡al finnnn padre! porque supongo que sabrán que Cataluña no existía entonces a pesar de las estulticias y sinrazones espurias que se oyen desde esa región, de ahí que hablemos de Barcelona como centro más importante de esa «identidad» de fines del siglo XIX.   Curiosamente todos los diccionarios etimológicos (por si no recuerdan, son los que estudian el inicio de las palabras), unos más despejados que otros, pero absolutamente todos, exponen claramente el origen de este vocablo que, para nada coincide con digamos, sus conjeturas; siendo el más generalizado el que transcribo a continuación: … Pues bien de coxa cossa hizo el italiano coscia el francés cuisse el catalán cuixa cuxa y el castellano antiguo CUJA, por la cual decimos hoy muslo (V. Murciélago) de cuja se formó cujote, quijote, que significa la armadura que cubre y defiende la cuja, el muslo.— Lo que el catalán llama cuxots de las calzas de los pantalones, son los quijotes.[sic]. Este último párrafo, presumo que ha sido la «fuente» utilizada para copia copiorum sin más preámbulos, sin haberlo leído dos veces, si se dan cuenta lo han copiado mal
© J.M.F.N. 2023
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(la Caixa) con todo su gran acervo cultural, que lo tiene, esté apoyando a la institución lingüística más importante del castellano y de la que no me cabe duda, aporta lo necesario y suficiente para documentar las nuevos descubrimientos, contribuyendo a corregir los grandes y graves errores cometidos por los ancestros que, no sabían, pobres almas ignorantes que, su identitario quijote, como el valenciano, entre otras nuevas y demoledoras gratuidades de esa academia, eran hijos de una forma occitana de expresión en su rama lemosín aún no «inventada» para esa época y que más tarde se conocería como «el cataláaannnnn», aunque eso sí, era lengua vulgar como sus hermanas, dado que la cultivada era el árabe y el latín, éste último ya en franca decadencia. Por cierto, lengua hablada por el «padre del catalán» (versión provinciana) el mallorquín Raimundo Lull a nivel íntimo, ya que despreciaba esa forma de comunicación en beneficio, como he dicho párrafos anteriores, del árabe y el latín. Lull que jamás estuvo en Barcelona, (salvo de paso) de levantar cabeza hoy, y encontrarse con semejante paternidad, seguramente se moriría de un ataque de risa, eso desgraciadamente es común en toda nuestra historia; pero no importa, ¡claro que no! Raimundo quiera o no, ¡es padre…de algo! Quién se lo iba a decir al pobre monje, ¡al finnnn padre! porque supongo que sabrán que Cataluña no existía entonces a pesar de las estulticias y sinrazones espurias que se oyen desde esa región, de ahí que hablemos de Barcelona como centro más importante de esa «identidad» de fines del siglo XIX.   Curiosamente todos los diccionarios etimológicos (por si no recuerdan, son los que estudian el inicio de las palabras), unos más despejados que otros, pero absolutamente todos, exponen claramente el origen de este vocablo que, para nada coincide con digamos, sus conjeturas; siendo el más generalizado el que transcribo a continuación: … Pues bien de coxa cossa hizo el italiano coscia el francés cuisse el catalán cuixa cuxa y el castellano antiguo CUJA, por la cual decimos hoy muslo (V. Murciélago) de cuja se formó cujote, quijote, que significa la armadura que cubre y defiende la cuja, el muslo.— Lo que el catalán llama cuxots de las calzas de los pantalones, son los quijotes.[sic]. Este último párrafo, presumo que ha sido la «fuente» utilizada para copia copiorum sin más preámbulos, sin haberlo leído dos veces, si se dan cuenta lo han copiado mal
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