en «agradecimiento» por la ayuda prestada a Teresa.  Yolanda al parecer ya había «muerto», no existe documento alguno que avale esta teoría a pesar de su importancia, empero, sí se puede más o menos por otros medios establecer que efectivamente a la hora del matrimonio de Jaime con Teresa, naturalmente ya no existía al menos públicamente la dama, pero eso no se daría hasta el 1256, lo que tampoco invalida que dejara como herencia para Alfonso su acelerada reunión con su madre que había muerto en 1251 según Desclot y no Yola (12). Zurita niega que muriera como recogen ciertas crónicas al día siguiente o el mismo día de la modificación de su testamento, dice que vivió más años. Miedes (13) nos vuelve a ilustrar, nos dice que después de las exequias por la muerte de la reina, Jaime se dirige a Biar en 1256 con motivo de la revolución de Alazraq (14), expulsando a los habitantes musulmanes y repoblándolos con gentes del condado de Barcelona y de Aragón, por lo que de nuevo nos hallamos con una fecha nueva al parecer de ese cada vez más cuestionado óbito real.  Esta es apresada a la vuelta de Roma por piratas musulmanes y rescatada por el que más tarde sería san Pedro Nolasco, vino con las manos justamente llenas restableciendo el honor y buen nombre de su Casa que este sujeto había mancillado como tantas otras. Solicita del Papa Clemente IV el divorcio de la dama, al haber contraído la lepra durante su cautiverio en Argel, Cuentan las crónicas que la ilustre navarra vióse envuelta en asquerosa lepra, circunstancia que el voluble y lúbrico aragonés aprovechó para pedir al Papa la separación; pero éste, lejos de darle por el gusto, le contestó con la energía propia del caso y de la conducta del rey «Nos admiramos—le dice— de que tengas la osadía de hacernos tal súplica, contraria a Dios. Abominable a los Ángeles, monstruosa al juicio de los hombres. Pues no debiste creer que quisiéramos disolver un matrimonio verdadero y ser partícipes de las uniones ilícitas. Sabemos por ti mismo que habiéndote casado per-verba de futuro con una noble mujer llamada Teresa, según lo manifiesta tu carta (prout tua Littera continet), aun cuando en su principio no hubiera sido verdadero matrimonio, trocóse en verdadero y consumado por cópula carnal subsiguiente. ¿Cómo pues podrá separar el Vicario de Dios a quienes Dios unió? Lejos de nosotros tal crimen». No cejaba el rey de insistir. ¡Tanto puede una pasión desenfrenada! No pudo conseguir la anulación del matrimonio y solicitó el divorcio que no alcanzó (15).  Tras la muerte de Clemente el 28 de noviembre de 1268 se abrió un interregno en la silla de Pedro por las «ansias de servicio» de los candidatos a la iglesia y pueblo cristiano, al final en otro Gregorio, esta vez X, sí encontró apoyo el felón a sus nefandas pretensiones de divorcio. Tardó lo indispensable para nombrar, otorgando poderes, al canónigo de Lérida, Juan de Torrefreta, para que lo representase en la causa de su divorcio de Teresa Gil de Vidaure el 30 de junio de 1274, para que en su nombre procediera al divorcio del obligado matrimonio impuesto por el Papa.  Que las donaciones a Teresa fueron muchas y en fechas comprometidas está claro, lo demuestran varios
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Violante de Hungría
desde su abuelo Pedro II se mantenía sobre el reino, tal vez en «agradecimiento» por la ayuda prestada a Teresa.  Yolanda al parecer ya había «muerto», no existe documento alguno que avale esta teoría a pesar de su importancia, empero, sí se puede más o menos por otros medios establecer que efectivamente a la hora del matrimonio de Jaime con Teresa, naturalmente ya no existía al menos públicamente la dama, pero eso no se daría hasta el 1256, lo que tampoco invalida que dejara como herencia para Alfonso su acelerada reunión con su madre que había muerto en 1251 según Desclot y no Yola (12). Zurita niega que muriera como recogen ciertas crónicas al día siguiente o el mismo día de la modificación de su testamento, dice que vivió más años. Miedes (13) nos vuelve a ilustrar, nos dice que después de las exequias por la muerte de la reina, Jaime se dirige a Biar en 1256 con motivo de la revolución de Alazraq (14), expulsando a los habitantes musulmanes y repoblándolos con gentes del condado de Barcelona y de Aragón, por lo que de nuevo nos hallamos con una fecha nueva al parecer de ese cada vez más cuestionado óbito real.  Esta es apresada a la vuelta de Roma por piratas musulmanes y rescatada por el que más tarde sería san Pedro Nolasco, vino con las manos justamente llenas restableciendo el honor y buen nombre de su Casa que este sujeto había mancillado como tantas otras. Solicita del Papa Clemente IV el divorcio de la dama, al haber contraído la lepra durante su cautiverio en Argel, Cuentan las crónicas que la ilustre navarra vióse envuelta en asquerosa lepra, circunstancia que el voluble y lúbrico aragonés aprovechó para pedir al Papa la separación; pero éste, lejos de darle por el gusto, le contestó con la energía propia del caso y de la conducta del rey «Nos admiramos—le dice— de que tengas la osadía de hacernos tal súplica, contraria a Dios. Abominable a los Ángeles, monstruosa al juicio de los hombres. Pues no debiste creer que quisiéramos disolver un matrimonio verdadero y ser partícipes de las uniones ilícitas. Sabemos por ti mismo que habiéndote casado per-verba de futuro con una noble mujer llamada Teresa, según lo manifiesta tu carta (prout tua Littera continet), aun cuando en su principio no hubiera sido verdadero matrimonio, trocóse en verdadero y consumado por cópula carnal subsiguiente. ¿Cómo pues podrá separar el Vicario de Dios a quienes Dios unió? Lejos de nosotros tal crimen». No cejaba el rey de insistir. ¡Tanto puede una pasión desenfrenada! No pudo conseguir la anulación del matrimonio y solicitó el divorcio que no alcanzó (15).  Tras la muerte de Clemente el 28 de noviembre de 1268 se abrió un interregno en la silla de Pedro por las «ansias de servicio» de los candidatos a la iglesia y pueblo cristiano, al final en otro Gregorio, esta vez X, sí encontró apoyo el felón a sus nefandas pretensiones de divorcio. Tardó lo indispensable para nombrar, otorgando poderes, al canónigo de Lérida, Juan de Torrefreta, para que lo representase en la causa de su divorcio de Teresa Gil de Vidaure el 30 de junio de 1274, para que en su nombre procediera al divorcio del obligado matrimonio impuesto por el Papa.  Que las donaciones a Teresa fueron muchas y en
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