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Génesis del Reino D'Aragó
los exabruptos, sino las manipulaciones históricas, hechos por aficionados, quiero creer ignorantes de la ciencia o peor aún, malintencionados, confunde churras con merinas constantemente. Lo triste es que su autor bebe de la fuentes de un aragonés… ¿ahí está el cáncer histórico! En la supeditación monetaria antepuesta a la dignidad profesional.   	Por otra parte, existe un sector interesado de la historiografía que considera la estructura territorial del reino de Aragón, equivalente a la de una confederación actual.  Sin embargo, esta concepción es discutida y de ninguna manera aceptada, pues aplica conceptos políticos actuales a estructuras políticas de la Edad Media, pecado mortal en la profesión de historiador, se nota la falta del rigor histórico, pues usan un significación interesada anacrónica e incorrecta creada por Antonio Bofarull, para situar conceptualmente una situación que no se dio en la historia, pero que, los intereses políticos azuzan continuamente desde ese complejo de superioridad que han enraizado en sus discursos al anteponer un segmento inferior a la cabeza; naturalmente es rechazado de plano en el mundo científico. La extrapolación invalida el análisis por no ajustarse a la realidad. También es incorrecto, a pesar de los debates surgidos, referirse a la Corona de Aragón como corona catalano-aragonesa,  utilizada por este mismo sector, puesto que, esta denominación fue establecida en el siglo XIX y surge a partir de la renaixença, en obras como la monografía del adoctrinado Antonio Bofarull. La confederación catalano-aragonesa (Barcelona, Luis Tasso, 1872) el inventor de la senyera de Wifredo el Pilos.    En un artículo publicado el 26/6/06 en el «El País» con el título Siglos de Historia en un fondo estatal inserto en el Aragón, Valencia y condado de Barcelona».  A partir del siglo XIV se simplificó a «Corona de Aragón», «Reinos de Aragón» o simplemente «Aragón».    	Léase el apartado (La Monarquía) o la expansión catalano-aragonesa en el 5º párrafo, ahí se pueden ver, no ya
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que Ferran Soldevilla Zubiburu  traduce como Corona d'Aragó i Catalunya (Corona de Aragón y Cataluña), de nuevo el interés nacionalista intentando ocupar desplazando los hechos históricos. Si bien, solo cinco años más tarde, en 1291, en la renovación de estos privilegios, ya se habla de «Reinos de Aragón, Valencia y condado de Barcelona».  A partir del siglo XIV se simplificó a «Corona de Aragón», «Reinos de Aragón» o simplemente «Aragón».    	Léase el apartado (La Monarquía) o la expansión catalano-aragonesa en el 5º párrafo, ahí se pueden ver, no ya los exabruptos, sino las manipulaciones históricas, hechos por aficionados, quiero creer ignorantes de la ciencia o peor aún, malintencionados, confunde churras con merinas constantemente. Lo triste es que su autor bebe de la fuentes de un aragonés… ¿ahí está el cáncer histórico! En la supeditación monetaria antepuesta a la dignidad profesional.   	Por otra parte, existe un sector interesado de la historiografía que considera la estructura territorial del reino de Aragón, equivalente a la de una confederación actual.  Sin embargo, esta concepción es discutida y de ninguna manera aceptada, pues aplica conceptos políticos actuales a estructuras políticas de la Edad Media, pecado mortal en la profesión de historiador, se nota la falta del rigor histórico, pues usan un significación interesada anacrónica e incorrecta creada por Antonio Bofarull, para situar conceptualmente una situación que no se dio en la historia, pero que, los intereses políticos azuzan continuamente desde ese complejo de superioridad que han enraizado en sus discursos al anteponer un segmento inferior a la cabeza; naturalmente es rechazado de plano en el mundo científico. La extrapolación invalida el análisis por no ajustarse a la realidad. También es incorrecto, a pesar de los debates surgidos, referirse a la Corona de Aragón como corona catalano-aragonesa,  utilizada por este mismo sector, puesto que, esta denominación fue establecida en el siglo XIX y surge a partir de la renaixença, en obras como la monografía del adoctrinado Antonio Bofarull. La