DECIMA CRUZADA

MONGOLES, ÓRDENES MILITARES Y MUJERES GENOVESAS.

Septiembre de 1272, se tiene esta fecha por la última gran cruzada (novena, para algunos historiadores incluida en la octava) protagonizada por los príncipes de occidente, empero existieron dos más, una protagoniza por los Mongoles, en estrecha colaboración con los Hospitalarios y Templarios, además de un conato abortado desde sus inicios de mujeres de Génova y la otra el intento de ya los Caballeros de Rodas, ninguna de ellas devolvería al solar cristiano las antiguas posesiones.

Es difícil entender la situación Palestina en esta última etapa de reconquista sin la presencia y protagonismo de los mongoles. Aunque ya había habido contactos y colaboraciones entre el Ilkanato tártaro persa, y los estados latinos del Creciente Fértil en un pasado reciente, no será hasta esta época cuando alcance una especial relevancia. Desde sus inicios Hulagu Khan había mostrado más simpatía por la religión cristiana que por el Islam, hasta Gazán o Kazán Khan que aunque convertido al Islam se une y solicita apoyo cristiano para mantener sus posesiones.

Es a partir de esta fecha cuando Molay, en su afán de recuperar el terreno perdido solicita de sus bailías y encomiendas la aportación de material humano y bélico para tal fin6. Pasa a la acción sumándose junto a los Hospitalarios y a los mongoles a la DECIMA CRUZADA, su Orden se sustentaba por el mandato recibido en Jerusalén, no se contemplaba el abandono de Palestina, no solo era su cuna, sino, el motivo de su existencia. Con Jerusalén todo, sin la Ciudad Santa…nada

Kazán ante la imparable pujanza que protagonizaban los musulmanes en su deseo de una sinarquía teocrática mundial, percibió el peligro de la desaparición de su Ilkanato, lo que le llevó, como hiciera su padre antes, a concertar alianzas con los enemigos comunes del Islam.
No será hasta octubre de 1299 durante el gobierno de Gazán o Kazán, hijo de Arghum el que tras la muerte de su tío en 1295, retome la cuestión bélica iniciada por su padre y apoye la causa cristiana a pesar de su conversión al Islam. Su actitud no respondía a la respuesta de la llamada papal para formar parte de una nueva cruzada, sino, a la pervivencia de su territorios en claro peligro, pero para ello debía presentarse con algo en las manos, de lo contrario no será creíble.
Sale de Persia al frente de su ejército y de aquellos que como él se sentían amenazados, la unión siempre ha hecho fuerza. Los reyes de Armenia de Georgia, el rey de Chipre, las órdenes de san Juan y del Templo, advertidos de sus proyectos, habían ido a unirse a sus banderas.

El Sultán de Egipto, Nazer-Mohamed enemigo acérrimo de los cristianos prepara un fabuloso ejército, compuesto en su mayoría por mamelucos y le sale a su encuentro. Desde Acre era territorio bajo su influencia. Se dio una gran batalla cerca de Emesa,8 (la actual Homs). Ha pasado a los anales como Wadi al-Khazandar, el 23 de diciembre o 24 de 12999, se sabe poco o nada sobre esta batalla que no ha trascendido a la actualidad a pesar de su importancia, su fuente principal es F. M, Constantin. La victoria pírrica de Kazán fue suficiente para que el egipcio plegara alas y se retirara a la espera de mejor ocasión que no tardaría en darse. Alepo Damasco abrieron las puertas a sus vencedores. Los frailes del Hospital y del Temple volvieron grupas hacia Jerusalén, su meta, su ilusión y su justificación en esa Cruzada que la toman sin resistencia alguna. El historiador Hayton, testigo ocular nos dice que, los cristianos volvieron a entrar entonces en Jerusalén. El emperador de los tártaros visitó con ellos el sepulcro de Jesucristo.

Una vez conseguido el objetivo deseado, desde la inmortal ciudad, Kazán envía embajadores al Papa y a los soberanos de Europa10, para solicitar su alianza y ofrecerles la posesión de la Tierra Santa. Su política iba encaminada, más a apuntalar sus posesiones que a esa entrega graciosa sin contrapartida, además, lo que les cedía era el territorio más levantisco de todo el Creciente Fértil, lo que los convertía en una policía de coerción, más que en verdaderos propietarios de lo perenne y etéreo que en definitiva era ancestralmente el territorio. Unos bárbaros que habían venido de las orillas del Irtis del Jaxarte esperaban sobre el Calvario y el monte Sion, a los guerreros de Francia, de Alemania o de Italia, para pelear teóricamente contra los enemigos de Jesucristo. Esto no se llegó a dar, empero, sí hubo respuesta; precisamente desde un sector que nadie se esperaba por su condición, pero que, las páginas de la historia hablan constantemente de sus proezas, y que, a gritos sordos se abre paso ante la tectónica actitud de quien teme perder una parcela que no le corresponde. Este sector injustamente desconsiderado, siempre ha sido relegado en beneficio del polo opuesto.

El soberano Pontífice recibió los embajadores de Kazán, pero no pudo responder sus peticiones, no obstante, les hizo multitud de promesas que, como el humo desaparecían casi al mismo tiempo que las formulaba. La poderosa familia de los Colonas, enemiga de los Gaetani a la que pertenecía el papa, ambas enfrentadas por su candidato a la silla de Pedro, no cejaba de importunar a Bonifacio VIII, que trataba de imponer su autoridad en Sicilia, lo que no le dejaba tiempo para atender cuestiones ultramarinas. Además, su predicación y sus esfuerzos, parecían no obtener respuesta en los reinos de la vieja Europa.

Ante este desplante, de la ciudad de Génova, por aquel entonces excomulgada y por lo tanto vetada a cualquier decisión sobre los intereses de la iglesia, surgió un grupo de mujeres de las que se guarda memoria11 ofreciendo un ejemplo a la vanidad y estulticia viral de los hombres. Aquella gesta no pasó desapercibida a Bonifacio, en un breve felicita a las señoras y las publicita a través de sus obispos por toda la cristiandad con el ánimo puesto en que, esta vez sí, responderían los caballeros a la llamada. Estas mujeres como siempre heroínas conocidas, pero no reconocidas, no tuvieron miedo para alistarse en el ejército de Kazán, ofreciendo sus vidas como guerreras en pro de la recuperación de la sagrada tierra de Palestina.

Tan heroicos proyectos no tuvieron ningún resultado. No eran estos, los auxilios que esperaban los tártaros y cruzados en las murallas de Jerusalén. Esta Cruzada no se le dio publicidad como tal. Sin duda el Papa solo puso en ella su atención para excitar la emulación de los caballeros y para dar los príncipes cristianos una lección de la cual no se aprovecharon. Se han conservado durante mucho tiempo en los archivos de la república de Génova las cartas escritas en aquella ocasión por el Papa Bonifacio VIII. En el último siglo, se mostraban todavía en el arsenal de aquella ciudad los cascos y las corazas con que las señoras genovesas habían de armarse en su expedición ultramar.

La historia nos ha conservado otras dos cartas del Papa, la una dirigida a Porchetto Arzobispo de Génova, la otra a cuatro nobles genoveses que habían de dirigir la expedición. ¡Prodigio! ¡Oh milagro -decía Porchetto-, un sexo frágil débil se anticipa [a]los guerreros en esta grande empresa en esta guerra contra los enemigos de Cristo en este combate contra los artífices de la iniquidad. ¡Los reyes príncipes del mundo, sin ningún miramiento todas las solicitudes que se les han hecho se niegan a enviar socorros [a] los cristianos desterrados de la Tierra Santa, mirad ahí esas mujeres que vienen sin ser llamadas! ¡De dónde puede nacer esta resolución magnánima sino es de Dios origen de toda fuerza de toda virtud!»

Kazán se vio obligado dejar la Siria para regresar a Persia; problemas en sus territorios reclamaron su presencia, las tropas mongolas prestadas por Kazán para consolidar la ocupación de la Ciudad Santa, tuvieron que abandonar la ciudad al ser reclamadas por éste para pacificar a los levantiscos de su Ilkanato, dando al traste con lo que podía haber supuesto una permanencia quizás más sólida en la Ciudad Santa.

Tras la victoria contra el sultán de Egipto les permitió a las Órdenes la toma de Jerusalén, y por última vez la ocupación efímera de la ciudad. Un dato escasamente conocido es que el abandono de las Órdenes vino impuesto por el estado de las fortificaciones. A su llegada observaron que, en esta como en otras por las que habían pasado en su conquista; era una ciudad abierta, los musulmanes habían destruido hasta sus cimientos: las murallas, torres y cualquier elemento defensivo de la que otrora era poseedora y que les hubiese permitido ofrecer una resistencia aceptable o al menos intimidatoria y ejemplarizante. Estos, los cristianos defensores, hospitalarios y templarios en exclusividad, estaban dispuestos a la inmolación, a resistir hasta el final, intentado con ello crear conciencia entre los estados europeos y al papa para suscitar una nueva Cruzada en pos de la recuperación territorial.

Desprotegidos los caballeros de las órdenes con la retirada de los armenios y chipriotas, se vieron también en la perentoria necesidad de abandonar la ciudad a la que le empezaban a reconstruir sus defensas. Su salida fue rápida, alertados por la proximidad del egipcio y carecer de fuerzas suficientes para sostener al ejército del sultán, que ya se había puesto en marcha, conocedor de la noticia. Esta sería la última vez que la poseyeron. Como dice Francisco Pérez de Anaya, entraron como conquistadores y salieron como palmeros. Pero al menos por un escaso espacio de tiempo, la ciudad, de nuevo fue cristiana.

Es para esta última batalla para la que reclama a sus subordinados la prestación de los apoyos necesarios para la contienda, visto que los monarcas europeos ya no estaban interesados en Palestina y las solicitudes papales no hacían eco entre los señores feudales cristianos.
Kazán, intentó otra segunda expedición que abandonó también cuando en la tercera invasión, se había adelantado su ejército hasta Damasco, cayó enfermo (fue envenenado como mandaba la tradición, en mayo de 1304) murió llevando consigo al sepulcro las últimas esperanzas de los cristianos.

El siguiente en la Silla de Pedro, fue el pusilánime Clemente V -1305 al 1314- o Bertrand de Gotor, (en algunas fuentes se lee Goht) familia muy unida desde los inicios al Temple. Clemente debía su nombramiento al rey francés. No le correspondía el cargo porque entre otras cosas, no pertenecía al colegio cardenalicio, pero esto no suponía una novedad en el elenco magistral de esa iglesia, el Patriarcado de Jerusalén tenía buena memoria de ello. Desde el primer momento de su nombramiento como cabeza de la secta se destacó en lo que sería un continuo, exuberante y absoluto servicio a Felipe IV. Un pago de estos favores fue, el nombramiento de nueve cardenales franceses también sectarios y serviles a Felipe, anulando todas las medidas que Bonifacio había interpuesto para que este personajillo (de sangre aragonesa) no se hiciera como era su obsesión, con los bienes de la iglesia para costear sus aventuras guerreras y sanear sus arcas. Su voracidad no tenía límites.

Los más destacado de su triste gobierno fueron: la supeditación al rey francés siendo esclavo de sus deseos, resolviendo el caso de Bonifacio VIII al gusto de su amo, llevarse la sede papal a Aviñón para estar más cerca y servir mejor a su Dios, la eliminación de los Templarios, por expreso deseo de su verdadero y único Señor, así como la burda y penosa actuación con palabras y ardides de su altura, a los aliados que le hubieran permitido ampliar los territorios, de una cruz cada vez más maculada por los pecados de aquellos que decían servirla. Mientras gestaba esta traición, muchos de ellos cayeron en batalla, en una Cruzada que no fueron capaces de organizar estos patéticos sectarios. Cruzadas no reconocidas por constituir vergüenza de reyezuelos y chamanes de sectas que aún perviven y por la difícil justificación de cargos contra el Temple, pues mientras los tres demonios14 arrestaban a sus defensores con pueriles y fatuos argumentos, otros hermanos caían en nombre de lo que estos mequetrefes decían salvaguardar, esa dicotomía no hubiera sido entendida ni aceptada, como no lo fue, en el resto de estados cristianos, quedando al descubierto la cruel bofetada que propinaron a los verdaderos creyentes estos mefistofélicos seres.

Personajes espurios como éste existieron a lo largo de la Edad Media en Aragón, su homólogo fue Jaime I, el abuelo del Hermoso, (de raza le viene al galgo) en este caso fueron las faldas y las ansias de poder de Yolanda, nombre oficial (otros nombres: Andrea, Violante, etc) que unida a la poderosa y temida oligarquía barcelonesa, dio al traste con el poderoso reino de Aragón. Otro felón que en mala hora ciñó corona…pero esto es otra historia.

El Papa Clemente V, que había fijado su permanencia en este lado de los Alpes, procuró excitar con sus exhortaciones apostólicas el entusiasmo de la nobleza del pueblo. Convocó en Potiers una asamblea la cual asistieron los reyes de Francia, de Navarra, de Nápoles, el conde de Flandes Carlos de Valois, se trató en ella de desposeer al mismo tiempo el reino de Jerusalén: a los sarracenos, a los griegos y al imperio de Bizancio. Las fuerzas de Occidente no podían bastar para estas dos grandes expediciones, para las cuales no se hizo otra cosa que votos estériles, predicaciones sin fruto, los guerreros no tomaron la Cruz, el clero se mostraba poco dispuesto a pagar los diezmos que exigía el Pontífice. Clemente se vio obligado en aquella circunstancia a recomendar la moderación a los colectores que les prohibió formalmente tomar los cálices, los libros y los ornamentos de las iglesias, como anteriormente lo había hecho Bonifacio que hizo valer su plenitudo potestatis emitiendo, el 25 de febrero de 1296, la bula Clericis laicos, por la que prohibía el cobro de impuestos al clero sin el consentimiento papal, hecho que cercenaba las manos de Felipe al que se enfrentó. Esta osadía del Papa pone de relieve los difíciles e inaceptables ánimos de una sociedad que veían como se desnudaban sus altares para llenar unos aviesos bolsillos con la pantalla de una nueva Cruzada que nunca llegó; indudablemente contribuyó en negativo a la exaltación del ánimo espiritual de los primeros días, dejando heladas las ansias, si las hubo, de participación.

ONCEAVA CRUZADA

Protagonizada por los Hospitalarios y restos Templarios en 1307.

Los caballeros de san Juan de Jerusalén ante la expectativa resultante de su actuación despertada en los viejos reinos y señoríos europeos, seguían con su programa establecido, sin esperar apoyos de occidente ni de Roma. En el año de 1306, fue cuando los Hospitalarios ayudados de un ejército de cristianos, comenzaron atacar la isla de Rodas y cinco islas inmediatas, habitadas por turcos sometidos al emperador de Constantinopla. Los Hospitalarios se apoderaron primero de algunas islas, de algunos castillos, después lidiaron durante cuatro años, ya como sitiadores ya como sitiados, al fin se hicieron dueños de Rodas en 1310, el día de la Asunción. El gran maestre Fulco de Villaret tuvo todo el honor de esta conquista, sus caballeros recibieron desde entonces el nombre de caballeros de Rodas. (Véase la Crónica de Bernaidij). Según las cartas encíclicas del Papa Clemente, muchos Templarios que se habían unido a los Hospitalarios, tuvieron parte en su gloria. Un gran número de guerreros, excitados por la narración de las aventuras de la caballería por la pasión de la gloria militar, habían seguido a los Hospitalarios en su empresa; las mujeres mismas quisieron tener parte en esta expedición, vendieron sus joyas para ayuda de los gastos de la guerra.

El ejército de los nuevos Cruzados se embarcó en el puerto de Brindes, en breve se supo en Occidente que los caballeros del Hospital se habían hecho dueños de la isla de Rodas y de cinco islas inmediatas, expulsando de ellas a griegos y musulmanes. La fama se extendía por todas partes, las hazañas de los Hospitalarios y de sus compañeros de armas llegaron a todos los rincones; en aquellos días el rey de Francia ordena detener a los templarios en su reino, en el 1308 convoca el papa un concilio ecuménico (Concilio de Viena) para determinar oficialmente lo que ya se sabía de antemano sobre el futuro de la Orden y sus frailes que seguían luchando a favor de la cristiandad. Si este sujeto hubiera dirigido las ansias guerreras hacia Palestina, en lugar del servilismo prestado a su amo y se hubiese implicado más en la defensa y recuperación de Tierra Santa, junto con el Hermoso, quizás y sólo quizás, hubiera sido digno de respetuoso recuerdo.
Después de haber recibido en la isla de Chipre a los caballeros del Templo, se retiraron a Sicilia, en donde el rey los había empleado en una expedición contra la Grecia. Con Esta belicosa milicia, se apoderó de Tesalónica15 se hizo dueña de Atenas, avanzó hacia el Helesponto asoló una parte de la Tracia. Después de esta expedición, los Templarios despreciaron la posesión de las ciudades que habían caído en su poder, dejaron las provincias conquistadas a sus compañeros de armas, guardándose para ellos las riquezas de los pueblos vencidos. Entonces fue cuando cargados con los despojos de la Grecia vinieron establecerse en Occidente especialmente en Francia donde su opulencia su lujo y su ociosidad, debieron de escandalizar la piedad de los fieles excitar la envidia la desconfianza de los príncipes, provocar el aborrecimiento del pueblo del clero.

Zaragoza a 6 de septiembre de 2015

Este documento de importancia regular por su contenido, lo transmito tal y como se expone en la página del Ministerio de cultura (ACA) y la transcripción realizada por el autor que en bibliografía consta, sin añadir o quitar ni una sola coma.