La fotografía fue otra de sus aficiones. Cuando presenció el revelado, con ácido pirogálico, le causó una verdadera estupefacción y tuvo en su obra científica, un peso parecido, a su inclinación por el dibujo. Pero al médico de Ayerbe, al igual que la literatura; la pintura le parecía la misma pérdida de tiempo.  Su fama de putañero corresponde a la pluma de Umbral, no siendo al parecer muy ciertas esas noticias. Cajal montó un estudio de fotografía en la Calle del Príncipe y decían que allí llevaba mujeres de todo tipo; de ahí nace parte del equívoco. Otros recuerdan la anécdota de Luis Calvo --que cuenta Manuel Vicent-- acerca de que hacía cola en el prostíbulo con una chapa esperando su turno. Algunos lo atribuyen a que hablaba mucho de la mujer, empero, éste apoyó a Emilia Pardo Bazán para que entrase en la Academia. Luchaba porque las mujeres españolas imitasen a las nórdicas e inglesas y que hiciesen deporte. Tenía tiempo para todo, podía administrar su tiempo de tal forma que le permitió: investigar, asistir a las tertulias de los cafés, hacer fotos, escribir relatos de ciencia ficción, etc.   En el verano de 1863, Cajal descubre, que su vecino el confitero, tenía una biblioteca muy rica y abundante. Se deslizaba por el tragaluz del tejado y con sumo cuidado, cogía y dejaba cada libro, devorando su lectura y disfrutando, de las lecturas de Víctor Hugo, Dumas, Cervantes, etc. Detestaba el método de memorización de carrerilla, lo que le acarreó muchos problemas con el profesorado.  Termina el bachillerato en Huesca, justo al proclamarse la primera república. Le tocó vivir tiempos muy difíciles, en política había graves enfrentamientos, entre moderados y demócratas y los intentos revolucionarios contra “” esa señora imposible “” (Isabel II). Estudia medicina en la Escuela Libre de Zaragoza, sostenida por la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de la ciudad, figuró entre las de escasa altura y limitados medios. Cajal consiguió sus estudios, con notas muy brillantes. Su preparación académica, se desarrolla entre la revolución democrática y la restauración borbónica, entre los años 1869 y 1873.   Al finalizar lo llaman a filas, en la llamada Quinta del Castelar, quien impuso el servicio militar obligatorio, por entonces era, presidente de la efímera Primera República. Al poco se convocan oposiciones para médico militar. Se presentan 200 opositores, para 30 plazas de las cuales Cajal queda el sexto. Lo destinan a Lérida, donde como médico militar tenía derecho a “” plaza montada “” que rechazó para hacer las marchas a pie, cosa que le proporcionó una excelente forma física.  Después va como capitán a Cuba. En Zaragoza existía una gran tradición de gimnasios, antes de que los hubiera en todas partes, Cajal acudía a los gimnasios No era tanto el boxeo como la gimnasia. Desarrolló unos músculos imponentes, con un cuerpo atlético del que solía presumir. Gracias a esa fortaleza pudo resistir la guerra de Cuba, cuando sufrió paludismo grave y disentería. Se quedó en el esqueleto.
© J.M.F.N. 2023
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tiempo.  Su fama de putañero corresponde a la pluma de Umbral, no siendo al parecer muy ciertas esas noticias. Cajal montó un estudio de fotografía en la Calle del Príncipe y decían que allí llevaba mujeres de todo tipo; de ahí nace parte del equívoco. Otros recuerdan la anécdota de Luis Calvo --que cuenta Manuel Vicent-- acerca de que hacía cola en el prostíbulo con una chapa esperando su turno. Algunos lo atribuyen a que hablaba mucho de la mujer, empero, éste apoyó a Emilia Pardo Bazán para que entrase en la Academia. Luchaba porque las mujeres españolas imitasen a las nórdicas e inglesas y que hiciesen deporte. Tenía tiempo para todo, podía administrar su tiempo de tal forma que le permitió: investigar, asistir a las tertulias de los cafés, hacer fotos, escribir relatos de ciencia ficción, etc.   En el verano de 1863, Cajal descubre, que su vecino el confitero, tenía una biblioteca muy rica y abundante. Se deslizaba por el tragaluz del tejado y con sumo cuidado, cogía y dejaba cada libro, devorando su lectura y disfrutando, de las lecturas de Víctor Hugo, Dumas, Cervantes, etc. Detestaba el método de memorización de carrerilla, lo que le acarreó muchos problemas con el profesorado.  Termina el bachillerato en Huesca, justo al proclamarse la primera república. Le tocó vivir tiempos muy difíciles, en política había graves enfrentamientos, entre moderados y demócratas y los intentos revolucionarios contra “” esa señora imposible “” (Isabel II). Estudia medicina en la Escuela Libre de Zaragoza, sostenida por la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de la ciudad, figuró entre las de escasa altura y limitados medios. Cajal consiguió sus estudios, con notas muy brillantes. Su preparación académica, se desarrolla entre la revolución democrática y la restauración borbónica, entre los años 1869 y 1873.   Al finalizar lo llaman a filas, en la llamada Quinta del Castelar, quien impuso el servicio militar obligatorio, por entonces era, presidente de la efímera Primera República. Al poco se convocan oposiciones para médico militar. Se presentan 200 opositores, para 30 plazas de las cuales Cajal queda el sexto. Lo destinan a Lérida, donde como médico militar tenía derecho a “” plaza montada “” que rechazó para hacer las marchas a pie, cosa que le proporcionó una excelente forma física.  Después va como capitán a Cuba. En Zaragoza existía una gran tradición de gimnasios, antes de que los hubiera en todas partes, Cajal acudía a los gimnasios No era tanto el boxeo como la gimnasia. Desarrolló unos músculos imponentes, con un cuerpo atlético del que solía presumir. Gracias a esa fortaleza pudo resistir la guerra de Cuba, cuando
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