métodos científicos, existían todavía. Se pone manos a la obra, con tres peones. El trabajo debió de ser muy duro. Muy pronto comienza a encontrar piezas, de gran interés, hasta que topa con un muro, que le hace pensar que ha dado con un templo, pero con lo que dio fue con el teatro de Herculano, una placa decía que había sido construido por el arquitecto Publio Numisio.   Los sucesivos hallazgos de incalculable valor animan a Carlos III a proporcionarle más hombres. Alcubierre, ante la falta de un método que aplicar en la tarea encomendada, se ve forzado a utilizar el que conoce que no es otro que el minero, lo que le permite continuar trabajando en los subterráneos, provocándole un deterioro de la salud. Las tareas son tan duras que se emplea mano de obra de presos y esclavos. A medida que avanzaban las galerías se estrechaban y se hacían más inhóspitas, por la humedad y sobre todo por el humo de las antorchas. Tanto los hombres como los materiales ascendían y descendían atados a una cuerda, por medio de un cabestrante. Su salud sufrió un grave revés. Perdió todos dientes y la vista.  Cuando se incorpora nuevamente, después de un periodo de reposo, lo hace como Teniente Coronel, y le espera una fase llena de descubrimientos. En 1748 consigue permiso para excavar en otra zona relativamente cercana, donde empiezan a aparecer piezas muy valiosas. Alcubierre, cree que encuentra la ciudad de Estabia, pero en realidad lo que encuentra es la ciudad de Pompeya.  Los años siguientes resultan frenéticos, Roque Joaquín encuentra las ciudades de: Estabia, Cumas, Sorrento, Mercado di Sábato y Bosco de Tre Case, además de Pompeya y Herculano. El Rey le obliga a llevar un minucioso control de todo, de los avances y de lo que se encuentra cada día. Debían ser descritos y dibujados de forma meticulosa, asi nace lo que hoy se conoce como el método tipológico esencial para cualquier arqueólogo. Con ello se lleva a cabo, un descubrimiento único en la historia de la Arqueología, que, con el paso del tiempo, no solo informaría del arte romano, sino de cómo vivían.   Sus innumerables éxitos pronto se ven empañados por las envidias, malentendidos y rivalidades de algunos de los que tenía bajo su severo mando. Atraídos por la desbocada fama del lugar, visitan las excavaciones los que se hacían llamar eruditos en dicha materia, que no eran otra cosa que meros coleccionistas. Poco pudieron ver, pues el lugar estaba muy restringido al acceso público no autorizado.  El que hoy es considerado el padre de la Arqueología e Historia del Arte Johann Joachim Wilckenmann, (otro Américo Vespucio, entre otros muchos) en realidad no pasaba de ser un mero anticuario que censuró y criticó muy duramente el método de excavación del aragonés, ¿cómo puede censurar y criticar aquello que no existe hasta que Alcubierre lo crea? Lo humilló
© J.M.F.N. 2023
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permiso el mismo monarca, en octubre de 1738. En aquellos días, ni la Arqueología ni sus métodos científicos, existían todavía. Se pone manos a la obra, con tres peones. El trabajo debió de ser muy duro. Muy pronto comienza a encontrar piezas, de gran interés, hasta que topa con un muro, que le hace pensar que ha dado con un templo, pero con lo que dio fue con el teatro de Herculano, una placa decía que había sido construido por el arquitecto Publio Numisio.   Los sucesivos hallazgos de incalculable valor animan a Carlos III a proporcionarle más hombres. Alcubierre, ante la falta de un método que aplicar en la tarea encomendada, se ve forzado a utilizar el que conoce que no es otro que el minero, lo que le permite continuar trabajando en los subterráneos, provocándole un deterioro de la salud. Las tareas son tan duras que se emplea mano de obra de presos y esclavos. A medida que avanzaban las galerías se estrechaban y se hacían más inhóspitas, por la humedad y sobre todo por el humo de las antorchas. Tanto los hombres como los materiales ascendían y descendían atados a una cuerda, por medio de un cabestrante. Su salud sufrió un grave revés. Perdió todos dientes y la vista.  Cuando se incorpora nuevamente, después de un periodo de reposo, lo hace como Teniente Coronel, y le espera una fase llena de descubrimientos. En 1748 consigue permiso para excavar en otra zona relativamente cercana, donde empiezan a aparecer piezas muy valiosas. Alcubierre, cree que encuentra la ciudad de Estabia, pero en realidad lo que encuentra es la ciudad de Pompeya.  Los años siguientes resultan frenéticos, Roque Joaquín encuentra las ciudades de: Estabia, Cumas, Sorrento, Mercado di Sábato y Bosco de Tre Case, además de Pompeya y Herculano. El Rey le obliga a llevar un minucioso control de todo, de los avances y de lo que se encuentra cada día. Debían ser descritos y dibujados de forma meticulosa, asi nace lo que hoy se conoce como el método tipológico esencial para cualquier arqueólogo. Con ello se lleva a cabo, un descubrimiento único en la historia de la Arqueología, que, con el paso del tiempo, no solo informaría del arte romano, sino de cómo vivían.   Sus innumerables éxitos pronto se ven empañados por las envidias, malentendidos y rivalidades de algunos de los que tenía bajo su severo mando. Atraídos por la desbocada fama del lugar, visitan las excavaciones los que se hacían llamar eruditos en dicha materia, que no eran otra cosa que meros coleccionistas. Poco pudieron ver, pues el lugar estaba muy restringido al acceso público no autorizado.  El que hoy es considerado el padre de la Arqueología e Historia del Arte Johann Joachim Wilckenmann, (otro Américo Vespucio, entre otros muchos) en realidad no pasaba de ser un mero anticuario que censuró y criticó muy duramente el método de excavación del aragonés, ¿cómo puede censurar y criticar aquello que no existe hasta que Alcubierre lo crea? Lo humilló
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