alguna de sus sesiones. Quién no figuró nunca, ni lo solicitó, fue el traicionado y ninguneado Alcubierre. Los felones no saben de cargos, prestigios, ni honores, son solo eso…, felones.   Los museos se fueron llenando de todo tipo de objetos, se habilitó el convento de la Compañía de Jesús, para albergar la Universidad de Nápoles, después de haber sido abolida esta compañía por el papa Clemente XIV. Paderni no soportaba a Alcubierre, aunque no quería reconocerlo. Como director del museo de Nápoles, dirige la excavación, pero es un fracaso tras otro. Lo cual alegra felizmente al zaragozano.   Quienes tanto lo criticaban, ingleses, franceses, alemanes, ejercían el expolio más salvaje de cuantos se haya conocido en la historia y la arqueología. Esto se daría incluso bien entrado el siglo XX, allá donde hollaban las botas de sus soldados. Todo cuánto descubrían, impunemente lo saqueaban, llevándolo a sus países de origen y hasta el día de hoy, se mantienen en sus museos, a pesar de las múltiples quejas y peticiones de devolución a los estados propietarios. Pero todo lo que Alcubierre descubrió se mantiene intacto en su lugar, no era anticuario, asi que no estaba sujeto a los espolios que estos realizaban o financiaban.  Tras su fallecimiento en el año 1780, su viuda se ve obligada a pedir ayuda económica a las autoridades, recibiendo una pensión vitalicia de 150 ducados al año, abocando a la familia a la más honrada  y humilde de las pobrezas. Este es el pago de un monarca a su fiel vasallo, este es el pago de una nación a uno de sus hijos que, de haberlo defendido en su momento, de haber tenido ese arraigo del que sólo se conoce el vocablo, hubiera pasado a ser reconocida como cuna de una rama de la ciencia, pero desgraciadamente esto es…, España y su idiosincrasia. Dedicó su vida a una actividad que lo fascinaba, entregándole todo al Rey, pero al igual que todos los de su estirpe, no conocían la honradez, ni el reconocimiento de quienes le servían, ofreciendo todo cuanto tenían que, en la mayoría de las veces, era la vida.  El trabajo de Alcubierre y sus colaboradores debe ser juzgado en su justo término, considerándolo como el arranque de la Arqueología de campo y sobretodo, como base necesaria e insustituible de uno de los museos más extraordinarios del mundo clásico. No olvidemos que ninguno de los hallazgos salió de Italia, ni siquiera cuando Carlos III, abandonó definitivamente Nápoles.
© J.M.F.N. 2023
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conocían de su traición. No obstante, en ocasiones fue invitado a alguna de sus sesiones. Quién no figuró nunca, ni lo solicitó, fue el traicionado y ninguneado Alcubierre. Los felones no saben de cargos, prestigios, ni honores, son solo eso…, felones.   Los museos se fueron llenando de todo tipo de objetos, se habilitó el convento de la Compañía de Jesús, para albergar la Universidad de Nápoles, después de haber sido abolida esta compañía por el papa Clemente XIV. Paderni no soportaba a Alcubierre, aunque no quería reconocerlo. Como director del museo de Nápoles, dirige la excavación, pero es un fracaso tras otro. Lo cual alegra felizmente al zaragozano.   Quienes tanto lo criticaban, ingleses, franceses, alemanes, ejercían el expolio más salvaje de cuantos se haya conocido en la historia y la arqueología. Esto se daría incluso bien entrado el siglo XX, allá donde hollaban las botas de sus soldados. Todo cuánto descubrían, impunemente lo saqueaban, llevándolo a sus países de origen y hasta el día de hoy, se mantienen en sus museos, a pesar de las múltiples quejas y peticiones de devolución a los estados propietarios. Pero todo lo que Alcubierre descubrió se mantiene intacto en su lugar, no era anticuario, asi que no estaba sujeto a los espolios que estos realizaban o financiaban.  Tras su fallecimiento en el año 1780, su viuda se ve obligada a pedir ayuda económica a las autoridades, recibiendo una pensión vitalicia de 150 ducados al año, abocando a la familia a la más honrada  y humilde de las pobrezas. Este es el pago de un monarca a su fiel vasallo, este es el pago de una nación a uno de sus hijos que, de haberlo defendido en su momento, de haber tenido ese arraigo del que sólo se conoce el vocablo, hubiera pasado a ser reconocida como cuna de una rama de la ciencia, pero desgraciadamente esto es…, España y su idiosincrasia. Dedicó su vida a una actividad que lo fascinaba, entregándole todo al Rey, pero al igual que todos los de su estirpe, no conocían la honradez, ni el reconocimiento de quienes le servían, ofreciendo todo cuanto tenían que, en la mayoría de las veces, era la vida.  El trabajo de Alcubierre y sus colaboradores debe ser juzgado en su justo término, considerándolo como el arranque de la Arqueología de campo y sobretodo, como base necesaria e insustituible de uno de los museos más extraordinarios del mundo clásico. No olvidemos que ninguno de los hallazgos salió de Italia, ni siquiera cuando Carlos III, abandonó definitivamente
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