Este zaragozano es el responsable directo y único, de que hoy podamos viajar en el tiempo, hasta los años de esplendor del Imperio Romano. No se trata de “descubrir” las facetas de este insigne aragonés, pero sí reivindicar y poner las piezas en su sitio, cuyas caóticas situaciones son causadas por las siempre injustas y deshonrosas usurpaciones, indebidamente realizadas a lo largo de la historia. Hoy con epítetos y adjudicaciones absolutamente gratuitas y fuera de la verdad absoluta, en cuanto a sus verdaderos protagonistas.  La práctica siempre está de moda entre aquellos mercachifles que la insana envidia los coloca en la boca letrinera de su propia abstracción. Causas recientes las padecemos en la actualidad, con falsas identidades de unos, que pretenden desnudar a los otros, verdaderos dueños de ese pasado común, que en mala hora se llevó a cabo, tratando de adquirir la honra y el honor que nunca poseyeron y que, por mor de falsos historiadores, tratan de conseguir poniendo lo que para esta casta de estafadores es su máxima ley “una mentira sostenida a través del tiempo, llega a convertirse en realidad”. Quizás con el apoyo de otros especialistas, dudosos, en otras disciplinas, se decantan por el vil metal o preeminencia social, pretenden al menos confundir o implantar unos derechos que nunca fueron, tergiversando lo incólume para la consecución de sus patéticos fines consintiendo lo que saben nunca fue cierto, en tanto que los herederos, pusilánimes e interesados, dejan correr el agua putrefacta de la letrina de origen, en franco perjuicio de la propia. Empero el agua pura y cristalina de las fuentes de la verdad y lo cierto se abren paso arrinconando esta defección que va desapareciendo de sus orillas, por la fuerza de lo incontestable.  Este Alcubierre sufrió en sus carnes póstumas este efecto, tanto que, sus naturales nunca supieron o se atrevieron a reivindicar en los foros internacionales, semejante agravio, levantado por cortesanos de bajo calado. Nunca fue España, lugar de arraigo. América es América porque Américo Vespucio, diseñó unos mediocres mapas mal copiados de los de Juan de la Cosa, un geógrafo español verdadero artífice de la geografía del Nuevo Mundo, y que este avispado italiano supo repartir en los lugares adecuados, para que, en su honor, aquellos felones, reconocieran las nuevas tierras con su nombre ¿qué hizo España?, callar…, callar como siempre, justificando una vez más su desarraigo; ese amor a la tierra que nunca existió, ni existe, es el caballo de batalla del porqué este país no se encuentra como puntero entre los lideres. Napoleón III, en su apoyo al dictador Maximiliano de Méjico, envía un regimiento de coraceros y utilizan con agravio, la denominación de la América Latina, ¡nunca lo fue! Solo mentes indoctas e ignorantes usan ese vocablo. siempre ha sido, Iberoamérica, o Hispanoamérica, hoy tan adaptado aquí, que, al parecer los autores del intento de destrucción de lo español, no hay que buscarlos fuera de España, sino dentro, ese germen tiene un nombre DESARRAIGO, cuando los naturales de un lugar están convencidos de que todo lo exterior es mejor que lo que ellos mismo producen…, sus días están contados, es la mayor alarma de ese desarraigo agónico entre las gentes nativas. Si a eso le sumamos las tendencias políticas, por llamarlas de alguna manera que, a lo largo de los últimos 450 años, se han dado en esta piel de toro, ya tenemos los ingredientes para sentar las bases de una nación desunida, periférica y enemiga de sí misma. Nuestro último y legítimo rey, D. Fernando II de Aragón, creó lo que el mundo no había conocido hasta entonces y no conocería después, a pesar de los buitres, sobre todos, los
© J.M.F.N. 2023
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Este zaragozano es el responsable directo y único, de que hoy podamos viajar en el tiempo, hasta los años de esplendor del Imperio Romano. No se trata de “descubrir” las facetas de este insigne aragonés, pero sí reivindicar y poner las piezas en su sitio, cuyas caóticas situaciones son causadas por las siempre injustas y deshonrosas usurpaciones, indebidamente realizadas a lo largo de la historia. Hoy con epítetos y adjudicaciones absolutamente gratuitas y fuera de la verdad absoluta, en cuanto a sus verdaderos protagonistas.  La práctica siempre está de moda entre aquellos mercachifles que la insana envidia los coloca en la boca letrinera de su propia abstracción. Causas recientes las padecemos en la actualidad, con falsas identidades de unos, que pretenden desnudar a los otros, verdaderos dueños de ese pasado común, que en mala hora se llevó a cabo, tratando de adquirir la honra y el honor que nunca poseyeron y que, por mor de falsos historiadores, tratan de conseguir poniendo lo que para esta casta de estafadores es su máxima ley “una mentira sostenida a través del tiempo, llega a convertirse en realidad”. Quizás con el apoyo de otros especialistas, dudosos, en otras disciplinas, se decantan por el vil metal o preeminencia social, pretenden al menos confundir o implantar unos derechos que nunca fueron, tergiversando lo incólume para la consecución de sus patéticos fines consintiendo lo que saben nunca fue cierto, en tanto que los herederos, pusilánimes e interesados, dejan correr el agua putrefacta de la letrina de origen, en franco perjuicio de la propia. Empero el agua pura y cristalina de las fuentes de la verdad y lo cierto se abren paso arrinconando esta defección que va desapareciendo de sus orillas, por la fuerza de lo incontestable.  Este Alcubierre sufrió en sus carnes póstumas este efecto, tanto que, sus naturales nunca supieron o se atrevieron a reivindicar en los foros internacionales, semejante agravio, levantado por cortesanos de bajo calado. Nunca fue España, lugar de arraigo. América es América porque Américo Vespucio, diseñó unos mediocres mapas mal copiados de los de Juan de la Cosa, un geógrafo español verdadero artífice de la geografía del Nuevo Mundo, y que este avispado italiano supo repartir en los lugares adecuados, para que, en su honor, aquellos felones, reconocieran las nuevas tierras con su nombre ¿qué hizo España?, callar…, callar como siempre, justificando una vez más su desarraigo; ese amor a la tierra que nunca existió, ni existe, es el caballo de batalla del porqué este país no se encuentra como puntero entre los lideres. Napoleón III, en su apoyo al dictador Maximiliano de Méjico, envía un regimiento de coraceros y utilizan con agravio, la denominación de la América Latina, ¡nunca lo fue! Solo mentes indoctas e ignorantes usan ese vocablo. siempre ha sido, Iberoamérica, o Hispanoamérica, hoy tan adaptado aquí, que, al parecer los autores del intento de destrucción de lo español, no hay que buscarlos fuera de España, sino dentro, ese germen tiene un nombre DESARRAIGO, cuando los naturales de un lugar están convencidos de que todo lo exterior es mejor que lo que ellos mismo producen…, sus días están contados, es la mayor alarma de ese desarraigo agónico entre las gentes nativas. Si a eso le sumamos las tendencias políticas, por llamarlas de alguna manera que, a lo largo de los últimos 450 años, se han dado en esta piel de toro, ya tenemos los ingredientes para sentar las bases de una nación desunida, periférica y enemiga de sí misma. Nuestro último y legítimo rey, D. Fernando II de Aragón, creó lo que el mundo no había conocido hasta entonces y no
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